MI MUNDO SUBMARINO:

Aún cuando, Julio Verne describió magníficamente ese mundo desconocido, en su obra 20.000 leguas de viaje submarino, y Jackes Cousteau nos dejó imágenes maravillosas de aquellas secuencias pioneras del submarinismo. No todo esta escrito ni visto. Por eso, este blogge lo dedicaré a ver el paisaje submarino, relajante, cálido y transparente de las costas de Murcia. Y como elemento esencial del blog, una aproximación a mi afición favorita, la pesca submarina, en la que me considero un novato con 36 años de experiencia. Un saludo.



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domingo, 5 de diciembre de 2010

EL DENTÓN DEL PUENTE DE LA CONSTITUCIÓN
























Aquel día tenía los senos atascados, no podía compensar bien. Probablemente una sinusitis, tras un constipado de la semana anterior. El agua estaba entre 14 y 15 grados. Me puse el traje de 7 mm, comprado el año anterior, y debajo un chaleco con manga corta, de neopreno que tenía en mi armario desde hacía mas de veintitantos años. Aunque me había metido con siete kilos de plomo, solo me dejé en el cinto seis kilos. Pues el kilo de quita y pon que llevaba lo colgué en la boya, no me hacía falta. A pesar de que en el pecho llevaba unos diecisite centimetros de grosor de neopreno. Encima de la capucha del traje me había puesto otra capucha de neopreno. Y en los pies dobles escarpines. En las manos llevaba dobles guantes de caucho, y encima de ellos otros guantes de neopreno. Verdaderamente estaba garantizado que no pasaría frio. Todo lo contrario, pasé calor aún con la baja temperatura del agua.


La sinusitis me impedía bajar. Para hacerlo tenía que compensar muchas veces forzando los senos.


Por todo ello, después de nadar durante casi una hora llegué al lugar en donde les . Eran enormes. Aquellos dentones no los había visto en tantos días como estuve esperando verlos. Y hoy, que estaba con los senos jodidos, allí estaban los jodidos dentones.


Todo no iba a ser mala suerte. Pero casi estaba a punto de irme de allí y volver con las manos vacías, sin pescar, después de haber perdido la oportunidad de clavar un dentón, cuando le tenía en la punta del arpón, pues el gatillo se encasquilló y no salió el arpón.


Lo intenté otros par de veces mas, bajando con muchas dificultades. En una de las bajadas, noté que los pequeños peces que había alrededor desaparecieron. Algo presentí que iba a aparecer. Así fue. Un gran dentón, pasaba de derecha a izquierda. Yo tenía el fusil apuntando a la izquierda. Conservé la sangre fría y apunté a un punto imaginando que el dentón en su trayectoria pasaría por delante del arpón. Y así fue, pasó delante del arpón. Solo tuve que apuntarle y apretar el gatillo cuando tenía su ojo a la altura del arpón. La flecha con doble aletilla se le clavó encima del ojo y le atravesó saliendo por encima del otro ojo. La doble aletilla o muerte se abrió impidiendo que el dentón pudiera desgarrarse. Ya había dejado el carrete del fusil preparado para que pudiera desliarse mientras ascendía a la superficie. El dentón quería penetrar bajo una roca para desgarrarse, pero no se lo permití. Tirando de él desde la superficie conseguí atraerlo junto a mi. Le cogí por debajo de las agallas y con el cuchillo le dí muerte clavándoselo. Tenía la cabeza muy dura. Me costó mucho clavarle el cuchillo.


Al final, cuando salí a la costa, todo fue un espectáculo, pues quienes habían aprovechado el puente de la Constitución para bajar a las localidades junto a las playas, y que en esos momentos me vieron salir del agua, se arremolinaron mirando la gran captura. Incluso algunos y algunas, se hicieron fotos levantando la pieza que había capturado, como si hubiesen sido ellos o ellas quienes la hubieran capturado.







sábado, 27 de noviembre de 2010

PUNTO DONDE EMPIEZA LA RESERVA MARINA DE CABO PALOS EN TIERRA.

MIRANDO HACIA EL NORTE.

MIRANDO HACIA EL SUR

MIRANDO HACIA EL NORTE



MIRANDO HACIA EL SUR




MIRANDO HACIA LEVANTE




MIRANDO HACIA EL SUR CON EL FARO






LAS COORDENADAS DEL PUNTO DE LA RESERVA EN TIERRA.









sábado, 6 de noviembre de 2010

OTRA CORVINA INADAPTADA AL MEDIO. ALGUNAS ANÉCDOTAS IMPREVISTAS.




Ya habían pasado mas de cinco años, desde la última vez que me metí por aquel lugar. Hoy tenía intención de comprobar si todo el equipo funcionaba bien engrasado.
Aparentemente todo funcionaba bien, salvo el sitio de entrada. Era infernal. No obstante, con apoyo logístico ajeno pude entrar cuando, ya aburrido, pensaba irme sin meterme. Además, por si el sitio con ser malo no fuese suficiente, en la entrada había un grupo de piratas que intentaban cobrar peaje. Sibilinamente me acerqué al jefe del clan pirata, y a solas le he dicho una de cal y otra de arena. Pensaban cerrar la entrada, cosa que legalmente no pueden hacer, así que le he insinuado a lo que se arriesgaban cerrando algo que es de dominio público marítimo-terrestre. En fin, piratas, bucaneros y gente que intenta hacerse dueño de lo que es de todos, con la excusa de que lo tienen cuidado todo, y les pertenece un canon, tal vez los haya en todos lados.
El agua estaba a 19 grados. Transparente y con una pequeña corriente nada importante para mis aletas de carbono. He visto dos meros, luego otro mero casi en superficie haciendo compañía a un grupo de boquerones que nadaban entre las transparente aguas. Al verme, el mero ha bajado unos 11 metros, ha hecho la vela esperándome, pero he dejado caer el plomo cerca antes de sumergirme y ya no lo he vuelto a ver. Podría pesar unos dos kilos. Y lo raro era verlo en superficie. Jamás había visto un mero cerca de la superficie a unos once metros del fondo marino. No era su hábitat. Al rato he visto a un grupo de lechas, he podido capturar solo una. Y luego he visto una corvina de engorde a unos once metros de profundidad. He bajado, le he apuntado con el fusil al lomo, detras de la cabeza dura, y cuando creía que la corvina se había movido y había fallado el tiro, me he dado cuenta que la corvina estaba atravesada por mi arpón. Mi dedo fue mas rápido que mi vista y que mi pensamiento. Cuando yo pensaba que la corvina se movía antes de dispararle, era todo lo contrario, se movía tras ser atravesada por el disparo del arpón.
En fin, esas han sido las dos cosas mas extrañas que me han sucedido. Y una tercera, era ver la barca pinchada. Perdía aire cerca de una de las válvulas. En fin, para tirarla a la basura después de tanto gasto en ella.

lunes, 1 de noviembre de 2010

¿Exceso, ignorancia, o incompetencia en la mar?.







Había salido en barca, porque no creí que el viento del noroeste me impidiese bucear aquel día, ya que La Manga se halla protegida del viento del oeste. Pero, nada mas salir del Canal del Estacio, las olas racheadas del fuerte viento impedían avanzar con la embarcación hacia San Pedro. Ni siquiera pegado al abrigo de la costa. Por eso, no había otro remedio que regresar a puerto sin bucear. Pero entrando en el canal, se observaba que al abrigo del saliente del puerto hacía la playa de la Manga y en dirección hacia Cabo de Palos, el agua se encontraba menos revuelta y mas en calma. Así pues, la embarcación en la que iba puso proa hacía la costa al abrigo del viento, no muy lejos del canal, así sería posible volver sin muchos problemas, si el viento en contra arreciaba.
Me dí cuenta que una lancha neumática haciendo cosas raras y zigzagueando seguía la embarcación en la que me encontraba. En aquella iba una pareja, un chico y una chica. No les presté mayor atención.
Pero cuando ya me encontraba preparado para zambullirme, una vez anclada la barca junto a la costa, aquella lancha neumática se acercó. Entonces pude distinguir el escudo de la Consejería de medio ambiente de la Comunidad de Murcia. El chico que la pilotaba, se dirigió a mi, cortésmente saludándome y diciendo que era el guardia de la reservas marinas de Isla Grosa, el Farallón , de las Islas Hormigas y Cabo Palos. Ya llegué a pensar que también iba a decir que era virrey de las Indias Occidentales, de las Orientales, del califato de Córdoba y de las Islas Galápagos, incluidos. Me pareció todo un despliegue verbal de competencias en la mar, concentradas en una sola persona.
Dada mi supina ignorancia y el peligro en que uno se encuentra en el trance de ser un ignorante, me atreví a preguntarle, en que Boletín se había publicado la creación de dicha reserva marina de Isla Grosa y el Farallón, Y el chico me contestó que a primeros de octubre en un B.O.R.M.
Como no sabía nada al respecto, le pregunté, a aquel guardian de aquella, ignorada por mi, reserva submarina, si donde yo me encontraba estaba prohibida la pesca submarina. Y me contestó que él no lo sabía. Me pareció raro que un guardian de una reserva marina, no supiese hasta donde abarcaba el perímetro de la reserva. Algo me olía mal en esa ignorancia parcial por parte de aquel guardian, que no me sacaba de mi ignorancia total. A todo ello, me mosqueó bastante, que dijese que tenía que fotografiar y tomar el registro de matrícula de la embarcación en la que me encontraba. Me dijo que se dedicaba a informar y tomaba nota de las matrículas de los barcos a quien informaba. Aquello no me lo podía creer. Era un día de fiesta, el día de todos los santos, no el de todos los tontos, ni el de todos los ignorantes reunidos. ¿Para que objeto quería la matrícula de una embarcación, si sus ocupantes no estaban haciendo nada ilegal?.
Cuando llegué a casa me leí todos los Boletines Oficiales de la Región de Murcia. Y encontré en el del 5 de octubre de 2010, la creación de la zona Zepa, en la Isla Grosa y el Farallón. Que solo abarcaba una superficie de mar de 300 metros alrededor de las citadas isla y farallón.
Aquel día, tal vez nos encontrabamos a una distancia de tres kilómetros o mas, alejados de aquellas islas. Por eso, me extrañó bastante lo que me dijo aquel chico, que decía ser guardian de una reserva marina de Isla Grosa y el Farallón, cosa inexistente. Lo que existe es una ZEPA de Isla Grosa y el Farallón. Probablemente se pasó en exceso de las aguas protegidas por la ZEPA, persiguiendo una embarcación que estaba muy alejada, al menos tres kilómetros, de la zona de sus competencias y, dandome a entender, que él no sabía nada de nada respecto donde terminaba el perímetro de aquello que tenía que vigilar y además, según supe después de documentarme convenientemente, había cambiado, o tergiversado, los terminos conceptuales, de ZEPA delimitada por una franja conocida, por el de reserva marina sin límites conocidos.
El agua estaba aquel día a 18 grados. Estuve sacando vídeos a un mero de unos dos kilos. Y capturé una lecha y un salmonete. Al mero no le quise matar, después de posar de modelo en mis vídeos.
Pensé que, paradojas de la vida, de seguir así, filmando meros sin matarlos, al final terminaría convirtiéndome en un protector del mero y de su hábitat, allí donde aquel aún se puede pescar, es decir, fuera de las zonas delimitadas por las reservas marinas, por las ZEPAS, y por la Zeporrería de cualquier ignorante

domingo, 31 de octubre de 2010

NO ESTABAN LOS DENTONES






Aquel día fui al lugar señalado, donde otros años capturé dentones en vísperas del día de Halowen. Pero no estaban allí. No vi ningún dentón. Después de 6 horas salí del agua aburrido de no disparar ni un tiro.
El agua estaba entre 19 y 20 grados. Llevaba cuatro kilos y medio de plomos, con una chaqueta de 7 mm. comprada el año anterior, junto con un pantalón con peto de 7 mm. también, pero que ya tenía unos cinco años y por ello había perdido algo de grosor. Al principio tuve calor pues la chaqueta conservaba todas sus cualidades aislantes, dado que estaba practicamente nueva. La había usado el invierno anterior hasta la primavera, cuando las aguas comenzaron a calentarse algunos grados. Pero en general al final de la jornada no tenía ya calor.
No quise sacar la barca, porque habían anunciado una borrasca del suroeste al final de la tarde y no tuve ganas de complicarme el día. Además el canal de Marchamalo probablemente no estaría en condiciones de navegar bien. Hacía un año que habían realizado obras junto al canal y este no había sido dragado. En el conducto por donde siempre navegaba pegado a la pared del canal, se veían algunas piedras procedentes de las obras, que podrían poner en peligro la cola del motor de la embarcación. Además en la desembocadura del canal las piedras que la protegían de los embates del viento y el oleaje de levante, habían sido separadas, y las arenas habían inundado casi toda la desembocadura, formando bancos de arena que impedían la navegación. Así que opté por meterme a nada desde la orilla. Para lo que tuve que nadar casi un kilómetro hasta llegar al lugar donde esperaba encontrar dentones. Estuve bajando pocas veces. Pues lo hice a 14 o 15 metros de profundidad y tenía que ventilar al menos tres o cuatro minutos entre bajada y bajada.

lunes, 4 de octubre de 2010

UNA POBRE PESQUERA EL 4 DE OCTUBRE 2010



El agua estaba hoy entre 22 y 23 grados. Después de un borrasca de viento del sursuroeste del día anterior de fuerza 4.
Me puse el traje de 5 mm, sin peto, con un chaleco de 3. Llevaba tres kilos de plomo. He bajado unas 80 veces a una profundidad de unos 14 metros. Algunas lechas esquivas y algunos dentones esquivos también pero pequeños.

martes, 28 de septiembre de 2010

martes, 21 de septiembre de 2010

domingo, 19 de septiembre de 2010

lunes, 16 de agosto de 2010

domingo, 18 de julio de 2010

LOS SALMONETES DEL BAJO DE SANTA BRÍGIDA A DIECISIETE METROS DE PROFUNDIDAD.



El agua estaba a 25 grados. Soplaba viento del norte levante. Tuve que esperar casi una hora desde las catorce hasta encontrar un hueco para dejar el coche a pié de playa. Un vehículo de unos submarinistas se marchó y allí aparqué. Entré al agua a las 15, 3o horas y salí de ella a las 21 horas. No fue mi día acertado, pues fallé multitud de disparos a los salmonetes. Tuve que pescarlos entre dieciséis y diecisiete metros. Estaban como mosqueados. Solo capturé un kilo y medio de salmonetes. No era gran cosa comparada con otros días anteriores. Tampoco era mi mejor día para la apnea. Apenas aguantaba un minuto y poco bajo la superficie.
Me metí allí buscando las lechas de dos kilos que había visto pescar allí el sábado anterior. Pero no tuve la suerte de toparme con las lechas. Tampoco había meros. El último mero de aquel bajo lo capturé el sábado anterior. Había una lancha neumática, con botellas. Probablemente estarían pescando con botellas. Desaprensivos, furtivos y delincuentes, los hay incluso en los sitios menos habituales. Pero los hay. Luego pude ver una lancha llena de buceadores que se me echaba encima, les eché el sermón a voz en grito, como es mi costumbre, avergonzarles su actitud homicida e irresponsable. Iban a la costa y los muy imbéciles tenían que pasar por encima mio que estaba lejos de la costa allí en el bajo de Santa Brígida. Supuse que para aquel bajo y para su santa patrona yo no era de su agrado, y ellos para mi tampoco en señal de reciprocidad.

sábado, 10 de julio de 2010

EL SEGUNDO MERO DE 2010, SE HALLABA EN EL BAJO DE SANTA BRÍGIDA





Soplaba viento de norte levante de fuerza 3 a 4. Elegí aquel bajo, porque esperaba encontrar alguna lecha de dos kilos. Pero no vi ninguna. El agua estaba a 24 grados. Llevaba dos kilos de plomos en el cinto y el traje de 5 mm sin peto. No tuve ni frío ni calor. Estuve primero cogiendo salmonetes. Luego unas corvinas, y por último vi el mero de tres kilos. Se encontraba a una profundiad de 15 metros. Le disparé después de bajar tres veces hasta tenerlo a tiro. Le dí en la cabeza, pero no lo maté. Rápidamente se escondió bajo una grieta, mientras levantaba una nube de polvo del fondo marino. Era un polvo formado por rocas cubiertas de animales marinos petrificados. Coloqué las boyas sacameros, después de desliar el carrete y dejarlo, junto con el fusil a un metro de la superficie. Un barco de vela lleno de tripulación pasó irresponsablemente por casi encima de las boyas sumergidas. Casi me pasa por encima, a pesar de estar señalizada mi posición con una boya torpedo Cressi, con una gran bandera alfa que se veía desde muy lejos. Lógicamente les eché una bronca. Mientras los inútiles e irresponsables de la tripulación me decían que las boyas nos las veían pues estaban sumergidas. Menudos imbéciles. Les dije que eran unos sinvergüenzas y unos ineptos, a voz en grito, incrementada por el eco de las montañas que rodeaban el bajo sumergido. Les pregunté que si tan inútiles e ineptos y sinvergüenzas eran como para no ver la boya que estaba pegada a mi, con una gran bandera. Pero aquella embarcación homicida e imprudente se alejó impunemente. Otro día que cometan una imprudencia igual matarán a cualquier pescador submarino. En la cárcel debían ir a parar antes de que cometan un homicidio en el mar, por ser unos ineptos y por no respetar la distancia de seguridad a una boya de submarinismo bien señalizada.
Luego busqué, cuando la nube de polvo desapareció, un lugar por donde poder rematar el mero. Al fin lo encontré. Un certero disparo entre los ojos le dejó muerto. Luego solté el naylon del primer fusil disparado. y coloqué las boyas en el fusil con el que había rematado el mero. Inmediatamente aquel salió de su guarida, a pesar de estar muerto, por la fuerza ascendente de las boyas sacameros. El arpón que había desenganchado del fusil se vino con el mero a la superficie. Una vez arriba lo clavé por las agallas en el aro porta peces, y le dí una puñalada en donde había clavado el segundo arpón. El mero estaba ya muerto. Había tardado una hora en sacarlo, desde las cuatro de la tarde hasta las cinco.
Saqué algún salmonete mas y dos pulpos. Y por fin, a las nueve de la noche salí del agua. Desde las tres de la tarde en que me sumergí, había estado solo 6 horas dedicado en cuerpo y alma a la pesca submarina. La playa, a pesar de la hora tardía, estaba llena de bañistas. Había hecho un buen día de sol y de mucho calor. Compré una bolsa de cubitos y la coloqué en la nevera encima del pescado, para que llegase en óptimas condiciones hasta casa.