MI MUNDO SUBMARINO:

Aún cuando, Julio Verne describió magníficamente ese mundo desconocido, en su obra 20.000 leguas de viaje submarino, y Jackes Cousteau nos dejó imágenes maravillosas de aquellas secuencias pioneras del submarinismo. No todo esta escrito ni visto. Por eso, este blogge lo dedicaré a ver el paisaje submarino, relajante, cálido y transparente de las costas de Murcia. Y como elemento esencial del blog, una aproximación a mi afición favorita, la pesca submarina, en la que me considero un novato con 36 años de experiencia. Un saludo.



Política de cookies

Este sitio emplea cookies para prestar sus servicios, para personalizar anuncios y para analizar el tráfico. Google recibe información sobre tu uso de este sitio web. Si utilizas este sitio web, se sobreentiende que autorizas el uso de cookies.

Entendido y estoy de acuerdo.

domingo, 3 de abril de 2011

DESPUES DE UN DÍA FUNESTO.





El día anterior fue un mal día. El primer mero fue arponeado, el error consistió en intentar sacarlo sin afianzarlo con otro disparo de arpón. Le saqué, pero al estar mal clavado, una vez le tenía el arpón en la mano con el mero, este se desclavó y se me escapó. Realicé varias bajadas por aquel lugar, intentado descubrir al mero herido, pero todo resultó infructuoso. El agua estaba turbia y el mero no se veía. El animal tendría un futuro turbio y una muerte indigna, sin aprovechamiento alguno.

El segundo mero, estaba en el mismo lugar en el que le vi otro día, hacía ya un mes. Pero, igual que el día en que le vi por primera vez, ahora ocurrió lo mismo. Bajé unas cincuenta veces, durante cerca de tres horas. Intentando que el mero se presentase de cabeza y que me diese tiempo a dispararle. Pesaría unos tres kilos. Pero después de bajar tropecientas veces, el sol amenazaba esconderse. El mero, igual que el sol, no me daba tiempo ni a verle en cada una de las veces que bajaba a otear la cueva submarina. Se escondía con una habilidad extraordinaria y unos reflejos dignos del mejor malabarista. Su inteligencia privilegiada le haría verme como un enemigo a quien había que despistar. Solo la curiosidad del mero podría acabar con su vida de un certero disparo. Pero aquel mero, en vez de ser un animal curioso, era un animal precavido y receloso.

Al final cogí el fusil de 115 cms. Pues el mero se hallaba muy lejos en el fondo de la oscura cueva submarina. Bajé por última vez con el fusil y la linterna. Le vi esconderse. Pero vi una cabeza con dos ojos que apenas asomaba allá a lo lejos. Se veía diminuto por la lejanía de la cueva en donde se hallaba. Apunté a aquellos ojos y apreté el gatillo. El arpón salió a toda velocidad, pues estaba cargado en la segunda muesca para darle mayor potencia a las gomas. Ascendí a la superficie y me ventilé suficiente mente. Bajé y vi al mero que le había clavado, pero se hallaba encajado muy lejano. No podría sacarlo. Tiré de la cuerda del arpón, y conseguí romper el mosquetón con el que se hallaba enganchada. Tuve que bajar con una boya y engancharla en el asa de la cuerda del arpón, para que aquella no se perdiese. Bajé por otro lado de la cueva y vi la cola del mero. Se hallaba clavado por el arpón. Pero cometí un error, en lugar de darle un segundo disparo para afianzarlo, lo que hice fue meter el gancho sacameros por donde asomaba la cola el mero, para meterlo dentro y poder así tirar del arpón con el que lo había clavado. Pero el error produjo el efecto de que el mero se desclavase en vez de desenrocarse. Luego con el gancho saca arpones, después de varias bajadas y mucho esfuerzo, conseguí sacar el arpón de doble muerte o doble aletilla. El mero no venía con él. Se había desenganchado. Y lo peor de todo es que, igual que el primero, tendría una muerte horrible, sin aprovechamiento alguno.

Por eso el día de ayer fue, para mi, un día nefasto en la pesca submarina.

Hoy, he cometido otro error. Ir a un lugar en donde siempre el agua está turbia. Y hoy con el levante aún lo estaba mas. Estaba fría, turbia y sin pescado. Además el viento de levante había levantado olas de casi un metro. Por no hacerme casi doscientos kilómetro para ir a La Azohía, había elegido este otro maldito lugar.

Al final de la jornada había conseguido capturar la cena, dos salmonetes y un pequeño dentón.

Fué al final cuando ya salía que bajé a una roca y vi aquella brótola, iba veloz, ya no le veía nada mas que la cola, pero mi reflejo de cazador apretó el gatillo justo para clavarla en la cola. Pude sacarla sin dificultad. La brótola pesaría mas de kilo y medio. Y al final para dos días malos, no me iba de vacío. Hoy llevaba la cena y una brótola. Algo es algo.

3 comentarios:

alfonso dijo...

Con Jack Blake en el agua, el barrilete nunca sabe q le va a tocar, si sesión fotografica o sesión de sade, ayer fue esto último.

Anónimo dijo...

al ser la punta d la cangreja pequeña, no es raro encontrar al barrilete al dia siguiente de cuando ocurrio el fiasco, unos metros más allá, pasando d piedra en piedra o junto a alguna cornisa lamentandose de sus heridas.

Jack Blake dijo...

Hola Alfonso. Para sesión fotográfica, debería estar el mero en una pose adecuada. Ni el primero, ni tampoco el segundo mero, me daban la oportunidad de verles, ni tan siquiera unas milésimas de segundo. Además se hallaban en un lugar tan recóndito y retorcido que ni siguiera la cámara submarina hubiese sido posible entrar para captar la imagen. Pero debería haberles dejado tranquilos hasta haberles tenido, otro día, en una pose suficientemente apta para un buen disparo de arpón. O, en caso de haberlos clavado como los clavé, debería haberles dado un segundo arponazo para afianzarlos, tal como tu me enseñaste. Pero no lo hice, ese fue el error. Si hubiese vuelto al día siguiente, tal vez hubiera visto, como dices, a alguno de los dos herido de muerte, y podría haberlo recuperado. Pero me mantuve en el error y no volví por allí. En resumen cometemos bajo el agua muchos mas errores que en tierra. Menos el día que solo cometamos un único y final error. Ese día todo se habrá acabado. Por eso, siempre es preferible cometer infinitos errores, en vez de un error finito y final. Digo yo. Al menos estaremos vivos mientras cometamos errores, muchos errores, ayer, hoy mañana y todos lo días. Un saludo.