MI MUNDO SUBMARINO:

Aún cuando, Julio Verne describió magníficamente ese mundo desconocido, en su obra 20.000 leguas de viaje submarino, y Jackes Cousteau nos dejó imágenes maravillosas de aquellas secuencias pioneras del submarinismo. No todo esta escrito ni visto. Por eso, este blogge lo dedicaré a ver el paisaje submarino, relajante, cálido y transparente de las costas de Murcia. Y como elemento esencial del blog, una aproximación a mi afición favorita, la pesca submarina, en la que me considero un novato con 36 años de experiencia. Un saludo.



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domingo, 10 de julio de 2011

EL ALUMBRAMIENTO DEL PEZ GUITARRA











































































































Aquel 9 de julio de 2011, hacía una mar de levante de fuerza 3, pero las isobaras estaban tan distanciadas, que ni siquiera las había. Una bolsa, con una sola isobara redonda, que cubría el Mediterráneo de borrasca, era todo. Por lo que pensé que, a pesar de la mar de fuerza 3 en la escala de Beafour, no estaría mal del todo para meterme próximo a donde me encontraba, sin necesidad de sacar el coche. Pues en los meses de julio y agosto, en el lugar en que habito mejor olvidarse del coche, o si se coge, empezar a jurar en arameo que nunca más lo volveremos a coger. Mi objetivo era darle caña a mis largas aletas durante unas siete u ocho horas. Sabía que en el lugar donde me iba a sumergir no había nada de pescado. Después de salir del agua afiance esta idea, pues tras bajar 104 veces a distintas piedras, durante siete horas, un modesto aro de pescado colgaba de la boya. Pero hubiese sido aún más modesto, si no llego a capturar el pequeño mero y el pez guitarra. La captura de este último, me sumió en un estado de insatisfacción total, pues una vez arponeado, se me escapó y después algo descubrí que me hizo sentirme como un criminal abortista. El tiro se lo había dado muy detrás de los ojos. Pero, seguí al pez herido desde la superficie, mientras cargaba de nuevo el arpón. Bajé otra vez los diez metros que me separaban del fondo, y esta vez si le disparé entre los dos ojos, dejando al pez seco y paralizado por el disparo. Después le rematé una vez clavado en la boya. Tenía la cabeza muy dura. Nada más clavarlo del aro, comenzó a soltar algo, pensé que sería la comida que antes habría ingerido, vomitada. Pero fijándome un poco más me di cuenta que aquello que salía del pez guitarra, no era lo que habría comido, sino que eran tres huevos en los que había enganchados a través de un cordón umbilical, una cría de pez guitarra en cada huevo. Los huevos tenían ramificaciones terminales de venas, parecía fetos de pez guitarra. Cayeron al fondo marino y bajé con la cámara fotográfica a captar tal aborto espontáneo producido por la muerte de la hembra de pez guitarra. Cuando le quité las tripas, ya al salir, al pez capturado, me di cuenta que en su vientre aún había algunos huevos o yemas que no se habían terminado de desarrollar por completo y no se observaba que en ellas fuese adherido ninguna otra cría de pez guitarra, por lo que deduje que hasta que los huevos no llevasen un tiempo en el vientre materno, no se formaba el feto, y una vez formado este permanece en el vientre de la madre, hasta que ya maduro sale por el ano, y se expulsa al agua, yendo a parar al fondo, en donde probablemente en muy poco tiempo el alevín de pez guitarra se separe del huevo o yema al que se encuentra unido por el cordón umbilical. Me fijé en que debajo de la cabeza los pequeños fetos de pez guitarra, llevaban como unas ramitas pequeñas, serían las branquias que estaban aún sin formar y se encontraban aún fuera del cuerpo, debido a la falta de desarrollo total del feto. Es curioso, pensé yo, había cometido un asesinato de una madre en trance de parir, pero la naturaleza me había mostrado una estampa única, el alumbramiento del pez guitarra. Caso único de ver en directo. Por lo que aún cuando la pesquera era pobre, me sentí satisfecho de haber conocido como se producía el milagro de la vida bajo el agua, en una especie rara de encontrar en los fondos marinos. Cada día se aprende algo.
Aquel día, la marejada con olas de un metro, me hacía estar pesado dentro del agua. La termoclina estaba en 10 metros. El agua a partir de esa profundidad estaba muy fría. Mientras que hasta los 10 metros se encontraba a 25 grados centígrados. Llevaba tres kilos de plomos en el cinto, pero me sobraba un kilo. Ese exceso de peso, hacía que me encontrase mas cansado, pues tenía que aletear más para mantenerme en superficie cuando emergía del fondo. Llevaba un traje de 5 mm, cuando los compré, que ya tenía unos tres años, junto a un chaleco suelto de unos 2 mm. El pantalón también de 5 mm, cuando lo compré, ahora se habría encogido hasta los 2 mm. Por lo que con sólo 2 kilogramos de plomo al cinto me hubiese sido suficiente.
Cuando llegué a casa con un buen cuchillo hice trozos al pez guitarra, y lo guardé en el congelador. Tendría para regalar, o para comer una temporada.