MI MUNDO SUBMARINO:

Aún cuando, Julio Verne describió magníficamente ese mundo desconocido, en su obra 20.000 leguas de viaje submarino, y Jackes Cousteau nos dejó imágenes maravillosas de aquellas secuencias pioneras del submarinismo. No todo esta escrito ni visto. Por eso, este blogge lo dedicaré a ver el paisaje submarino, relajante, cálido y transparente de las costas de Murcia. Y como elemento esencial del blog, una aproximación a mi afición favorita, la pesca submarina, en la que me considero un novato con 36 años de experiencia. Un saludo.



Política de cookies

Este sitio emplea cookies para prestar sus servicios, para personalizar anuncios y para analizar el tráfico. Google recibe información sobre tu uso de este sitio web. Si utilizas este sitio web, se sobreentiende que autorizas el uso de cookies.

Entendido y estoy de acuerdo.

sábado, 3 de septiembre de 2011

VOLVIERON COMO UNA PLAGA. LOS VERANEANTES NO SE HAN IDO. SON COMO UNA PLAGA DE RATAS, PERO QUE NO ABANDONAN LAS PLAYAS.









Aquella mañana me levanté tarde, serían las diez horas. Como siempre, realicé el aseo, el afeitado, y el desayuno. Después leí la prensa local. Miré las previsiones meteorológicas. Me preparé el equipo. Y por fin decidí coger el coche para cambiar de zona, dentro de la odiada Manga. Serían las trece horas, cuando salí de mi urbanización y me dirigí a otra, en donde el coche se podría dejar pegado a la playa. Pero no hubo suerte. Una multitud de coches pertenecientes a veraneantes de fin de semana y chancletas, de esos que se solo se acuerdan de la playa los fines de semana y les gusta tragarse caravanas de coches, calor, accidentes y gente mala conductora, habían colapsado cualquier espacio de los aparcamientos. Dejé aquella urbanización, maldiciendo a quienes prefieren ir a la playa, y en concreto a la de La Manga, que quedarse haciendo otras cosas menos agobiantes y mas placenteras. Pero en la siguiente urbanización ocurría lo mismo. Así, en otras dos urbanizaciones. La Gran Vía de La Manga, era una continuo fluir de amantes de la Manga los fines de semana. Gente a la que yo odiaba con todo mi ser. No como personas, sino como plaga. Odiaba a la plaga de veraneantes fuesen de agosto, o fuesen de fin de semana. Ojalá nevara y el agua les congelara las ganas de venir a darse un baño. Era como una plaga de ratas de alcantarilla. Te dejaban completamente incomunicado. Completamente amordazado. Completamente amarrado, sin poder ir a donde te apetecía. Eran, esos veraneantes recalcitrantes de fin de semana, una maldición. Como las plagas de Egipto en la época de los faraones.

Al final pude aparcar en mi propia urbanización. Cosa milagrosa, pues también la playa estaba llena de veraneantes de fin de semana. Me metí al agua a las 14 horas. Llevaba dos kilos de plomo al cinto, un traje sin peto de 5 mm., con un chaleco suelto de 3 mm. El agua estaba a 26 grados, y la temperatura del aire estaba a 23. Lo que hacía sentir el agua como un baño de agua termal. Estuve hasta las 20,30 de la noche. Limpié el pescado antes de salir del agua. Pero solo pude dar cuatro disparos. Los cuatro certeros. Un mújol, dos corvinas normales, una corvina grande. En las ciento cinco veces que bajé durante las seis horas y media que estuve buceando, no vi ningún pez digno de ser cazado.

Espero que la plaga de veraneantes se marcha a sus casa y me deje libertad de movimientos.

No hay comentarios: