MI MUNDO SUBMARINO:

Aún cuando, Julio Verne describió magníficamente ese mundo desconocido, en su obra 20.000 leguas de viaje submarino, y Jackes Cousteau nos dejó imágenes maravillosas de aquellas secuencias pioneras del submarinismo. No todo esta escrito ni visto. Por eso, este blogge lo dedicaré a ver el paisaje submarino, relajante, cálido y transparente de las costas de Murcia. Y como elemento esencial del blog, una aproximación a mi afición favorita, la pesca submarina, en la que me considero un novato con 36 años de experiencia. Un saludo.



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miércoles, 22 de agosto de 2012

Las huevo frito habían ganado la batalla. Las blancanieves casi habían desaparecido.






 
El agua continuaba en 28 grados. Tuve que familiarizarme con el pasamontañas submarino antimedusas, pues estos celentéreos aquel día abundaban en mayor cantidad que en días anteriores. No podía exponerme a permanecer seis horas en el agua, porque probablemente me hubiesen rozado varias de aquellas medusas huevo frito. Era curioso, las huevo frito, habían desplazado a las medusas blancanieves. ¿O tal vez, es que las blancanieves, después de días de darles el sol terminan convertidas en medusas huevo frito?. Es decir, quemadas por el sol.
Aquello era una auténtica plaga. Hacía pocos días que me habían contado que en Huelva en la playa de la Canela, cerca de Portugal, se estaba dando una invasión de medusas huevo frito enormes. También hoy me han contado que en las playas del Cantábrico en Asturias, abundaban ese tipo de medusas.
Todo ello afianzaba mi creencia de que este año está pasando algo que no había sucedido  nunca en mas de treinta años. Y es que algunas corriente cálidas procedentes del trópico y de los mares ecuatoriales, habían llegado a las costas de Europa, y habían inundado las costas españolas, trayendo de esos mares tropicales ese tipo de medusas enormes. Probablemente el deshielo del Ártico haya sido la causa. Lo verdaderamente preocupante era ver que el pescado había desaparecido. Las aguas habían adquirido un color parecido a la orina, amarillento. La temperatura era de casi 29 grados.
Unos animales tan poco inteligentes ´se habían adueñado de las costas de toda España. Probablemente cuando el mundo se acabe y el ser humano deje de existir, este tipo de celentéreos invadirán los mares, mientras la tierra será dominada por las cucarachas. Ambos tipos de animales son para el ser humano desagradables, antagonistas en el futuro del planeta probablemente.






Una hora antes de ponerse el sol, eran las ocho de la tarde, me dí cuenta que las medusas huevo frito se estaban reagrupando en bancos, pegadas unas a otras. No se cual era la forma de atraerse para pasar la noche que se avecinaba. Probablemente ese tipo de animales se agrupen cuando antes de que el sol se oculte, para poder defenderse de sus depredadores. Probablemente al estar muchas de ellas juntas formando un enjambre de medusas, haga que sus células urticantes incrementen sus efectos sobre cualquier pez que pretenda devorarlas. Esa técnica de reagrupamiento, es típica entre los peces, tanto grandes como pequeños. Una inmensa mayoría de peces viajan en bancos. Es el caso de los túnidos, atunes de grandes dimensiones, también las sardinas, los boquerones, incluso las ballenas. Y está claro que para reagruparse deben de tener ordenes a las que obedecer para que todos a una sigan la misma consigna, el reagrupamiento.

domingo, 12 de agosto de 2012

EL MERO DE LAS PERSEIDAS




Agua a 28 grados. Muchas medusas blancanieves. Mero de tres kilos. Traje de 3 mm camuflaje recién estrenado. Dos kilos de plomo en el cinto, pero me faltaba un kilo para estar bien.  Cinco horas y media buceando. El traje daba calor.   El pasamontañas antimedusas era un engorro. El gorro de natación otro. Al final prescindí de todo y me quedé con la capucha del nuevo traje para protegerme del sol. Un ligero escozor encima del labio era la firma del agua impregnada de partículas de medusas. Había muchas medusas blancanieves.

lunes, 6 de agosto de 2012

La Invasión del Mediterráneo. Bancos de medusas Huevo Frito y medusas Blancanieves


Aquel fin de semana, primero del mes de agosto, el agua estaba en 28 grados en el Mediterráneo. Me había colocado solo un kilo de plomo en el cinturón de lastre. Llevaba la chaqueta de 5 mm, ya comprimida y el pantalón también de 5 mm sin peto, igual de comprimido. Actualmente equivaldría a un traje de neopreno de tan solo 3 mm. El bricolaje de la capucha cubriéndome la frente, evitaba que las medusas me rozasen. Había bancos y bancos de medusas. Estaban mezcladas las Huevo Frito con las Blancanieves. Estas últimas eran absolutamente blancas, salvo la aureola que ribeteaba su cabeza que era de color liláceo. Algunas, las Huevo Frito, estaban en parejas, pegadas una a otra, como si de un matrimonio se tratase. La realidad de la invasión del Mediterráneo por bancos enormes e infinitos de medusas enormes, aún no había sido recogido por la prensa, ni por los científicos estudiosos del tema. Pero, he de decir, que jamás había visto tal cosa en mis treinta y pico de años que llevo practicando la pesca submarina. Algo extraño estaba ocurriendo en el Mediterráneo para que tantísima medusa hubiese aparecido, cuando jamás había ocurrido algo así. Tal vez el deshielo del Polo Ártico. Croenlándia se había derretido como un helado en el plato. Si Jackes Custeau aún viviese, seguro que sabría interpretar esta señal de la mar. Tal vez, el ocaso del Mediterráneo se aproxime en una voraz carrera hacía su destrucción.
No se si la plaga de medusas enormes, tendría algún efecto sobre los peces. Pero el fondo marino estaba desierto. Era como si cualquier pez adivinando la invasión de su hábitat, hubiese emigrado a otros lugares. ¿Pero a donde? ¿Si la invasión de medusas se hallaba por doquier?. ¿Donde se habrían marchado los peces, si no había lugar en donde no hubiese diez o doce medusas en cinco metros cúbicos de agua.
Dicen que este tipo de medusas no son peligrosas pues el roce con ellas no produce la picazón que producen las medusas avispa. Estas, las Huevos Fritos y las Blancanieves no llevan tentáculos largos. Sobre todo las primeras que los llevan como muñones recortados en una especie de ventosa de colores caramelo y lilas. Las otras, las Blancanieves, solo llevan esa aureola de color lila o violeta que circunda su  gran cabeza.

No hallé pescado alguno, solo un pulpo glotón que había comido varias orejas de mar, y al que estuve haciéndole cosquillas cerca de su boca. El animal esperaba a que el objeto con el que le masajeaba entre las patas, se hallase próximo a su boca, para entonces, con toda la fuerza de sus ocho patas, allí donde aquellas se juntan, intentaba atraer el objeto hacía su boca. Descubrí porqué esperaba a que el objeto estuviese lo más próximo a la boca, porque allí es donde el pulpo tiene mayor fuerza, la suma de la de cada uno de sus ocho brazos unida y un mortal pico de loro que trituraría cualquier presa. Aquel pulpo no pesaría mas de dos kilos, aún cuando por lo que había devorado en poco tiempo, podría superar los tres. Pero le dejé allí tranquilo después de jugar un rato con él. Al principio asomaba uno de sus ojos vigilante, entre el arco de una de sus patas, mientras utilizaba también su válvula para soltar chorros de agua. Esa válvula la utiliza el pulpo para varios menesteres: le sirve para impulsarse y nadar, también le sirve para expulsar la tinta y, asimismo, para soltar con fuerza chorros de agua contra los eventuales enemigos que pretendan acercarse. Con ella puede levantar partículas de arena. Y, probablemente, también le sirva para la función respiratoria. Sea como fuere, el pulpo es un animal que está riquísimo al horno, a la gallega, o a la plancha. Pero hay que quitarse el sombrero ante su inteligencia y habilidad para escabullirse. Tiene muy buena memoria. Y si le hostigamos, abandona su cueva para hacernos ver que se marcha. Después vuelve a su cueva con una habilidad extraordinaria, encontrándola  rápidamente, como si tuviese un GPS en sus patas. Por otro lado, el pulpo es un luchador contumaz, no abandona facilmente al enemigo cuando está atacando. Le desgarra su piel a base de mordiscos, mientras lo atrae hacia él con una de sus patas extendida. Tampoco abandona su cueva cuando está incubando sus huevos. Y no lo hace, cuando se siente protegido en ella, adentrándose todo lo que puede, y utilizando sus brazos para cubrirse con todas las piedras, conchas y demás objetos que rodean su cueva.