MI MUNDO SUBMARINO:

Aún cuando, Julio Verne describió magníficamente ese mundo desconocido, en su obra 20.000 leguas de viaje submarino, y Jackes Cousteau nos dejó imágenes maravillosas de aquellas secuencias pioneras del submarinismo. No todo esta escrito ni visto. Por eso, este blogge lo dedicaré a ver el paisaje submarino, relajante, cálido y transparente de las costas de Murcia. Y como elemento esencial del blog, una aproximación a mi afición favorita, la pesca submarina, en la que me considero un novato con 36 años de experiencia. Un saludo.



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lunes, 6 de agosto de 2012

La Invasión del Mediterráneo. Bancos de medusas Huevo Frito y medusas Blancanieves


Aquel fin de semana, primero del mes de agosto, el agua estaba en 28 grados en el Mediterráneo. Me había colocado solo un kilo de plomo en el cinturón de lastre. Llevaba la chaqueta de 5 mm, ya comprimida y el pantalón también de 5 mm sin peto, igual de comprimido. Actualmente equivaldría a un traje de neopreno de tan solo 3 mm. El bricolaje de la capucha cubriéndome la frente, evitaba que las medusas me rozasen. Había bancos y bancos de medusas. Estaban mezcladas las Huevo Frito con las Blancanieves. Estas últimas eran absolutamente blancas, salvo la aureola que ribeteaba su cabeza que era de color liláceo. Algunas, las Huevo Frito, estaban en parejas, pegadas una a otra, como si de un matrimonio se tratase. La realidad de la invasión del Mediterráneo por bancos enormes e infinitos de medusas enormes, aún no había sido recogido por la prensa, ni por los científicos estudiosos del tema. Pero, he de decir, que jamás había visto tal cosa en mis treinta y pico de años que llevo practicando la pesca submarina. Algo extraño estaba ocurriendo en el Mediterráneo para que tantísima medusa hubiese aparecido, cuando jamás había ocurrido algo así. Tal vez el deshielo del Polo Ártico. Croenlándia se había derretido como un helado en el plato. Si Jackes Custeau aún viviese, seguro que sabría interpretar esta señal de la mar. Tal vez, el ocaso del Mediterráneo se aproxime en una voraz carrera hacía su destrucción.
No se si la plaga de medusas enormes, tendría algún efecto sobre los peces. Pero el fondo marino estaba desierto. Era como si cualquier pez adivinando la invasión de su hábitat, hubiese emigrado a otros lugares. ¿Pero a donde? ¿Si la invasión de medusas se hallaba por doquier?. ¿Donde se habrían marchado los peces, si no había lugar en donde no hubiese diez o doce medusas en cinco metros cúbicos de agua.
Dicen que este tipo de medusas no son peligrosas pues el roce con ellas no produce la picazón que producen las medusas avispa. Estas, las Huevos Fritos y las Blancanieves no llevan tentáculos largos. Sobre todo las primeras que los llevan como muñones recortados en una especie de ventosa de colores caramelo y lilas. Las otras, las Blancanieves, solo llevan esa aureola de color lila o violeta que circunda su  gran cabeza.

No hallé pescado alguno, solo un pulpo glotón que había comido varias orejas de mar, y al que estuve haciéndole cosquillas cerca de su boca. El animal esperaba a que el objeto con el que le masajeaba entre las patas, se hallase próximo a su boca, para entonces, con toda la fuerza de sus ocho patas, allí donde aquellas se juntan, intentaba atraer el objeto hacía su boca. Descubrí porqué esperaba a que el objeto estuviese lo más próximo a la boca, porque allí es donde el pulpo tiene mayor fuerza, la suma de la de cada uno de sus ocho brazos unida y un mortal pico de loro que trituraría cualquier presa. Aquel pulpo no pesaría mas de dos kilos, aún cuando por lo que había devorado en poco tiempo, podría superar los tres. Pero le dejé allí tranquilo después de jugar un rato con él. Al principio asomaba uno de sus ojos vigilante, entre el arco de una de sus patas, mientras utilizaba también su válvula para soltar chorros de agua. Esa válvula la utiliza el pulpo para varios menesteres: le sirve para impulsarse y nadar, también le sirve para expulsar la tinta y, asimismo, para soltar con fuerza chorros de agua contra los eventuales enemigos que pretendan acercarse. Con ella puede levantar partículas de arena. Y, probablemente, también le sirva para la función respiratoria. Sea como fuere, el pulpo es un animal que está riquísimo al horno, a la gallega, o a la plancha. Pero hay que quitarse el sombrero ante su inteligencia y habilidad para escabullirse. Tiene muy buena memoria. Y si le hostigamos, abandona su cueva para hacernos ver que se marcha. Después vuelve a su cueva con una habilidad extraordinaria, encontrándola  rápidamente, como si tuviese un GPS en sus patas. Por otro lado, el pulpo es un luchador contumaz, no abandona facilmente al enemigo cuando está atacando. Le desgarra su piel a base de mordiscos, mientras lo atrae hacia él con una de sus patas extendida. Tampoco abandona su cueva cuando está incubando sus huevos. Y no lo hace, cuando se siente protegido en ella, adentrándose todo lo que puede, y utilizando sus brazos para cubrirse con todas las piedras, conchas y demás objetos que rodean su cueva.

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