MI MUNDO SUBMARINO:

Aún cuando, Julio Verne describió magníficamente ese mundo desconocido, en su obra 20.000 leguas de viaje submarino, y Jackes Cousteau nos dejó imágenes maravillosas de aquellas secuencias pioneras del submarinismo. No todo esta escrito ni visto. Por eso, este blogge lo dedicaré a ver el paisaje submarino, relajante, cálido y transparente de las costas de Murcia. Y como elemento esencial del blog, una aproximación a mi afición favorita, la pesca submarina, en la que me considero un novato con 36 años de experiencia. Un saludo.



Política de cookies

Este sitio emplea cookies para prestar sus servicios, para personalizar anuncios y para analizar el tráfico. Google recibe información sobre tu uso de este sitio web. Si utilizas este sitio web, se sobreentiende que autorizas el uso de cookies.

Entendido y estoy de acuerdo.

domingo, 2 de septiembre de 2012

¿UN MACABRO HALLAZGO EN PORTMÁN, O PIRATAS DEL SIGLO XXI CON PIERNAS ORTOPÉDICAS DE ALUMINIO?











He leído muchos libros sobre la Mar. Hacía pocos días que había tenido un buen susto mientras buceaba. Llevaba observando durante mas de una hora una boya de submarinista en el mismo lugar. No pude esperar mas, por si se trataba de alguien que estuviese en problemas, y me dirigí hacía aquella boya. Cuando llegué vi que estaba atada con una cuerda elástica a la boya amarilla que señalizaba el límite de los 300 metros de la orilla, en donde los barcos no pueden navegar, por ser zona utilizada para el baño. Después de haber visto lo imprudentes que van los barcos, que no respetan nada, el hallazgo de la boya me causó mayor incertidumbre, pues pensé que tal vez algún barco había cortado la cuerda de la boya con la hélice y la había atado a aquella otra boya. Tal vez se habría llevado por delante al submarinista. En fin, comencé a nadar velozmente, olvidándome de pescar, para ver si localizaba a algún buceador próximo al lugar. No se veía a nadie. Pero a la media hora, divisé unas aletas que se zambullían en una zona muy alejada de allí. Sería algún submarinista irresponsable que se había olvidado de la boya, y practicaba la pesca submarina sin señalización alguna. Es cierto que se encontraba dentro de la zona de los 300 metros balizada, pero no es menos cierto que aquel día varias motos acuáticas y barcos navegaron a toda velocidad por la zona balizada en donde les estaba prohíbido navegar. En fin, irresponsables por todos lados, pensé. Y continué buceando lo mas relajado posible que me permitían los asesinos tripulantes de barcos y motos acuáticas, esos que no respetan una boya de submarinista. Es decir, de relajado nada de nada, sino ojo vigilante y oido también antes de sumergirme, para ver que ningún barco me tenía entre su rumbo a toda máquina.
Por eso, ayer que me sumergí en Portmán, el susto fue pleno. Primero encontré bajo los acantilados del faro de Portmán, restos del esqueleto de un enorme pez. Las vertebras eran mas grandes que mi puño cerrado. Las espinas de la caja torácica eran del tamaño de las costillas de un esqueleto humano. Los restos de las espinas de las aletas medirían más de medio metro. Aquello podría ser un gran atún escapado de las jaulas que se hallaban por aquella zona, un tiburón blanco, o un cachalote, o cualquier otro animal marino de grandes dimensiones. Los restos estaban esparcidos en dos zonas próximas entre sí.
Avancé por los acantilados con una corriente de levante en contra y volví con otra corriente de poniente también en contra, al cabo de cinco horas buceando. El agua había bajado de temperatura. Lejos ya de los 29 grados de días anteriores, aquel día estaba en superficie a 25 grados, mientras que la termoclina se dejaba sentir a 20 grados tan solo a 8 metros de profundidad, pero ya a la vuelta.  Llevaba el traje recién comprado de 3 mm, sin chaleco y 3 kilos de plomo. Planeaba muy bien por el fondo con aquella cantidad de plomo. Pero sentía mucho frio cuando sobrepasaba al volver los ocho metros de profundidad. La fria corriente hacía que la termoclina se hubiese aproximado casi a tocar la superficie marina.
Pero el susto fue el hallazo de algo que me dejó en una gran incertidumbre. Estaba buscando una cueva junto a los acantilados, pero no dí con ella. Sin embargo encontré un objeto cilindrico unido a unos jirones de tejido de vestir. Supuse que serían basura de algún pescador de caña que habría caido al mar. Pero a simple vista aquellos restos me intrigaban. Mi lema es no dejar de observar ningún resto que me encuentre en el mar, aun cuando a simple vista no sepa de lo que se trata. Así que bajé a observar aquello. Entonces adiviné que aquello era una pierna ortopédica, fabricada de aluminio y material plástico. Tiré de ella, pues se hallaba incrustada entre las rocas del acantilado en el fondo. No podía, el tejido de tela la había enganchado a las rocas, así que lo único que conseguí fue quebrar la articulación de la rótula de plástico. Observé que aquellos restos de ropa, podrían ser los de un pantalón. Pero no observé restos humanos. Solo los jirones del tejido unidos a la pierna ortopédica. Aquello me hizo pensar en que no se trataba de basura arrojada desde el cuartel abandonado que estaba arriba, sino de una pierna ortopédica que alguién había perdido bien dentro del agua o desde el acantilado. Me acordé de aquellas pateras que traen inmigrantes a nuestras costas. La mar había estado buena casi todo el mes de agosto. Es posible que un integrante de alguna patera,  al arribar, hubiese perdido aquella pierna que para él sería tan valiosa. Pero es posible que quien utilizase aquella pierna hubiese perdido antes la vida y la pierna hubiese ido a parar al fondo del mar incrustandose entre los acantilados. No lo sabré nunca.
Cuando llegué a casa, me metí en google, y pude leer que este verano se había desmantelado una red de narcotraficantes en Alicante y Málaga, y que dos de sus miembros llevaban piernas ortopédicas.
Tal vez se tratase de los modernos piratas del siglo XXI, que en vez de atracar a otros barcos, se dedican a introducir droga desde el Norte de África. Pensé en contarlo en el cuartel de la Guardía Civil, pero no creo que el dato tuviese mayor interés para la Benemérita, habiéndo otros temas de mayor gravedad que tienen que atender. Tal vez, alguién hubiese cambiado su pierna ortopédica por otra de mayor calidad y hubiese arrojado la primera al mar. Tal vez se tratase de una incineración de alguién que antes de cremarlo le hubiesen extraido la pierna ortopédica para arrojarla al mar junto a sus cenizas. No es baladí el tema. Pues mi excompañero de pesca y yo, tuvimos que oficiar un entierro en el mar de una urna funeraria de una chica fallecida a una edad muy temprana. El cuñado de la chica nos pidió el favor de hacerlo con nuestra barca, antes de comenzar a pescar. Echadas las cenizas al mar, arrojamos la urna, estuvimos unos minutos en silencio. Pusimos el motor en marcha y comenzamos nuestra aventura de la pesca submarina, intentando que fuese un día normal. Pero aquel entierro en el mar nos quitó a los tres las ganas de pescar. De hecho no pescamos nada aquel día.

No hay comentarios: