MI MUNDO SUBMARINO:

Aún cuando, Julio Verne describió magníficamente ese mundo desconocido, en su obra 20.000 leguas de viaje submarino, y Jackes Cousteau nos dejó imágenes maravillosas de aquellas secuencias pioneras del submarinismo. No todo esta escrito ni visto. Por eso, este blogge lo dedicaré a ver el paisaje submarino, relajante, cálido y transparente de las costas de Murcia. Y como elemento esencial del blog, una aproximación a mi afición favorita, la pesca submarina, en la que me considero un novato con 36 años de experiencia. Un saludo.



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domingo, 30 de diciembre de 2012

Con el Kayak en Cala Abierta


Después de hacer 70 kilómetros en coche, llegué a La Azohía. No había madrugado mucho aquel día, por lo que me metí a bucear a las 15 horas. El sol se pondría a las cinco cuarenta minutos. Sólo disponía de unas dos hora para pescar. Pues en el trayecto de ida utilicé media hora larga, y otra media hora necesitaría para volver. A las 17 horas inicié el regreso. El agua estaba en 14 grados. Bajé unos trece metros en los pies de los acantilados de Cala Abierta. No se veía pescado alguno. Lo que si vi, fueron grandes praderas de algas extrañas que habían invadido y erradicado la posidonia del fondo de la cala. Probablemente se tratase de la Caulerpa Taxifolia, un alga que es sumamente tóxica e invasora, que donde crece se multiplica y no deja vida alguna.
Aquel día no pretendía gran cosa, solamente saber hasta donde podría llegar en media hora avanzando con el kayak por los acantilados de La Azohía. Hice en media hora 4 kilómetros, pero la mar estaba muy tranquila. Soplaba el viento del norte, el agua estaba estupenda. Las dos horas que estuve buceando merecieron la pena hacer tantos kilómetros en coche.

jueves, 6 de diciembre de 2012

El día de la Constitución era el día de los dentones. El clásico denton del día de la Constitución

La temperatura del agua era de 16 grados. El viento de poniente estaba dejando la mar planchada. El agua estaba transparente. El día medio nublado. Llevaba el traje nuevo de 7 mm, con pantalón de tirantes de 7 mm también. En el cinto nueve kilos de plomos. Llevaba tres kilos de quita y pon. Me quité un kilo y continué buceando con 8 kilos. Les vi. Estaban aquel día los dentones allí. Casi subían a la superficie para divisarme. Pensé que si seguían subiendo y se me acercaban, les dispararía sin ni siquiera bajar a hacer una espera. Pero no se acercaban mucho. Esperé a que se marcharan, para no asustarlos, antes de hacer una espera. Estuve haciendo varias esperas. Pero los dentones no aparecían. Fui cambiando de lugar. Hasta que, llegadas las 14,20 horas de la tarde, bajé y vi que los dentones los tenía pegados. Eran grandes, pero mi reacción,  al verme sorprendido por aquellos dentones, les hizo huir presas del pánico. Conservé la calma y me quedé mas tiempo en el fondo,  pues a pesar de que habían huido, algo me decía que algún despistado se me acercaría. Así fue, un pequeño dentón despistado,  de 3 kilos,   venía  directo hacía la punta del fusil. Esperé a que se girara un poco para darle de costado. Apunté bien, alineando la culata con la punta del cañón, hacía el centro de la cabeza del dentón. Apreté el gatillo sin mover un ápice el fusil, y el arpón salió fulminando al dentón en la cabeza. En ese momento empecé a subir, recogiendo la cuerda del arpón para que el dentón no se metiese en una grieta del fondo como pretendía. Le atraje hacia mi. Le cogí por debajo de las agallas y de un certero tajo del cuchillo que llevaba en la pantorrilla, le hice pasar al mundo de los pescados o de los peces muertos. Intenté varias veces hacer mas esperas. Pero los dentones se habían marchado. O estaban lejos y ya no se acercaban. Luego,  un salmonete me dejó perplejo. Después de dos disparos a la cabeza, uno de ellos le había arrancado un ojo. En una tercera bajada intenté cogerlo con la mano, pero el salmonete era tan grande y tan fuerte que no me cabía en la mano y además tenía mas fuerza que yo. Y eso que ya llevaba dos disparos en la cabeza. Era un enorme salmonete de casi medio kilo. El mas grande que había tenido en mis manos. Pero se me fue y lo perdí. No obstante cogí otro salmonete chico, mucho mas chico que aquel monstruo que se me había escapado.
El magnifico fusil roller construido por Alcaraz, mi compañero de pesca, había causado estragos,  en la fauna submarina, aquel día de la Constitución. Sus colores de agua marina, competían con los que,  el dentón, en su cabeza, tenía. El traje de neopreno de 7 mm, Fisterra, me había proporcionado unas cálidas esperas y una jornada de pesca submarina muy agradecida.








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