MI MUNDO SUBMARINO:

Aún cuando, Julio Verne describió magníficamente ese mundo desconocido, en su obra 20.000 leguas de viaje submarino, y Jackes Cousteau nos dejó imágenes maravillosas de aquellas secuencias pioneras del submarinismo. No todo esta escrito ni visto. Por eso, este blogge lo dedicaré a ver el paisaje submarino, relajante, cálido y transparente de las costas de Murcia. Y como elemento esencial del blog, una aproximación a mi afición favorita, la pesca submarina, en la que me considero un novato con 36 años de experiencia. Un saludo.



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sábado, 27 de diciembre de 2014

Salmoneitor 600






El agua en estas fechas del año, aún no estaba tan fría como otros años. Los 16 grados centígrados y el día bueno de sol con anticiclón y mar calmada hacía de la pesca submarina una actividad agradable. Sobre todo si, a los que nos nos gusta madrugar, entramos al agua a las 13 horas de la tarde. Llevaba el pantalón nuevo de 7 mm, sin peto, y dos chalecos de unos dos centímetros cada uno en el pecho. En el cinto tan solo 6,5 kilogramos. Había prescindido ese día del chaleco de plomos, pues, no era efectivo, ya que ofrecía resistencia al agua en las subidas y bajadas, haciéndome perder mucho tiempo y energía. A fin de cuentas en el chaleco solo llevaba 800 gramos efectivos de plomo, pues aúnque llevaba otras dos pastillas de 800 gramos cada una, estas eran necesarias para compensar la propia flotabilidad del chaleco, con lo que resultaban neutras. Con chaleco llevaba tres pastillas de 800 gramos en este, y en el cinto cuatro kilos  o cuatro kilos  y medio de plomo. Pensé que la efectividad en las bajadas y subidas, el ahorro de tiempo, y el poco plomo que debía ponerme en el cinto, hacían imprescindible prescindir del chaleco. De hecho el chaleco hacía que en la pesca al agujero me estampara contra el fondo. Mientras que en la pesca a media agua, las bajadas no verticales por la deriva en la resistencia del chaleco, me hacían fallar muchos salmonetes, y la propia resistencia al agua del chaleco les asustaba, al emitir mas vibraciones, por la falta de aerodinámica del cuerpo. 
Este año 2014 había sido un mal año para mi en esto de la pesca submarina. No había cogido el clásico dentón del puente de la constitución, ni el clásico dentón del mes de mayo. Tampoco había cogido el clásico mero del día de Navidad. Por eso, intenté aquel día buscar un buen mero por aquel lugar, pero no lo vi. Solo algunos salmonetes, algunos grandes. 
Pensábamos ir mi compañero y yo a unas piedras en donde podría haber meros, por eso dejamos de lado los salmonetes. Pero mi instinto depredador, me hacía suponer que aquel salmoneitor que la semana pasada había fallado en aquel lugar, tal vez estaría por allí. Le estuve buscando, mientras mi compañero llegaba. Y le vi. Estaba allí. Pero esta vez solo. La profundidad era de unos diez metros. El salmonete estaba por el fondo, pero a pesar de la profundidad me sintió desde abajo nadar en superficie. Y salió buscando un lugar mas tranquilo. Nadé detrás del samoneitor unos diez minutos, pero era un culo de mal asiento, no se paraba, Temía perderle de vista. Hasta que vi que entró en la sombra junto a una piedra con algas al lado. Dejé de verle desde arriba, pero al no haberle visto salir de allí, supuse que estaría por alrededor de aquella piedra en alguna sombra. Me apreté el cinto de goma para que no resbalase e hiciese ruidos contra el traje que pudieran perturbar la tranquilidad y la confianza del salmonete en donde quiera que estuviese. Di un golpe de riñón perfecto, moviendo las aletas solo cuando estaban bien dentro del agua para no hacer vibraciones ni burbujas que hacen ruido. Me coloqué en posición aerodinámica completamente vertical, con el fusil apuntando hacía delante. Solo cuando me aproximaba al fondo, vi su enorme cabezota. Su cuerpo estaba oculto en las algas. Los últimos metros no aletee y me dejé caer a plomo, frenando en el ultimo momento con las aletas como si fuesen alerones. Apunté a la enorme cabeza de Salmoneitor, apreté el gatillo. Y no vi movimiento alguno. El salmonete había sido muerto en mismo instante en que el arpón atravesó su cabeza. No movió ni una escama. Tenía tan dura la cabezota, que no podía sacar el arpón, porque los duros huesos de aquel mastodonte de salmonete me lo impedían. Opté por sacar el hilo del arpón del mosquetón, y sacarlo por la cabeza del salmonete por el mimo agujero del arpón. Mientras hacía esto, mi compañero llegó. Le dejé el salmonete en sus manos, mientras yo volvía a armar el hilo del arpón en su mosquetón. No había peligro de que escapase. Estaba muerto ipso facto. 
Entramos al agua a las trece horas y salimos a las 18 horas. El día no dio mucho de si, fallé varios salmonetes, y logré clavar otro mas. Mi compañero, clavó varios y alguna corvina grande. 
No se podía decir que el día había sido malo, aunque no encontrara ningún mero decente. El salmonete pesó en la báscula de la cocina de precisión 610 gramos. Pensaba comerlo asado al microondas, pero pensé que era mucho salmonete para mi. Teniendo en cuenta su carne apretada. Me comí el otro salmonete y congelé a Salmoneitor. Cuando tenga una buena comensal, se lo serviré a la mesa. 



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