MI MUNDO SUBMARINO:

Aún cuando, Julio Verne describió magníficamente ese mundo desconocido, en su obra 20.000 leguas de viaje submarino, y Jackes Cousteau nos dejó imágenes maravillosas de aquellas secuencias pioneras del submarinismo. No todo esta escrito ni visto. Por eso, este blogge lo dedicaré a ver el paisaje submarino, relajante, cálido y transparente de las costas de Murcia. Y como elemento esencial del blog, una aproximación a mi afición favorita, la pesca submarina, en la que me considero un novato con 36 años de experiencia. Un saludo.



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domingo, 26 de abril de 2015

La única vida que vio le quitó la suya






A una distancia separada de la costa un kilómetro, se hallaba aquella cadena de piedras formando un río cuyas orillas estaban bordeadas de posidonia. En aquel idílico paisaje submarino formado por grandes piedras con diversas oquedades por debajo formando cuevas, vivía feliz y contento aquel precioso mero. Podía ser considerado un mero feliz, afable y hospitalario, para cualquier visitante del lugar. Pero, a pesar de las apariencias, existía en aquel lugar algo extraño que el mero conocía. Por dicha circunstancia el mero era tan afable, amigable y hospitalario cuando recibía alguna visita. En aquel precioso lugar, no había mas ser vivo que él, el mero. Tal vez se sentía aburrido y deseaba compañía, aunque fuese humana. 
Ocurrió un día de esos que el maldito año de 2015 dejaba un hueco en las borrascas y tormentas habituales, que hacían maldecir a aquel sexagenario pescador submarino jubilado, porque en todos los cuatro meses transcurridos no había disparado ni un tiro, y tan solo había podido bucear cinco días, debido al estado de la mala mar. Aquel día después de hacer cuarenta kilómetros pensando entrar con el kayak por una playa en donde en google había descubierto lo que podría ser una bomba, de la Guerra Civil española, sumergida, tuvo que abortar pues la playa salvaje estaba llena de fango y algas muertas y era imposible botar el kayak por allí sin hundirse hasta la cintura. Por eso volvió a otra playa Lo Pagan, Pero allí se dio cuenta que aquello era Mar Menor, por eso buscó a la desesperada un sitio para botar el kayak y practicar la pesca submarina. Al final lo encontró, era ya tarde, las 14 horas, por lo que entró a bucear a las 16 horas,  después de preparar y botar el kayak y colocarse todo el equipo. Una vez sobre el kayak se dio cuenta que no podría alcanzar los cuatro kilómetros y medio que le separaban del lugar en donde se hallaba la supuesta bomba. Así que se dispuso a seguir los woypoint de su GPS, cotejándolos con la información casi fotográfica de su sonda, regalo de sus compañeros por su jubilación. Avanzó dos kilómetros y medio hasta llegar a una profundidad de unos doce metros, pero el fuerte viento le hizo desistir de amarrar el kayak a tan distante separación de la costa. Por eso regresó al waypoint número 72, que deberían  ser piedras según las cartas náuticas,  y descubrió que la sonda le marcaba una zona de piedras muy buena. Echó el ancla, se colocó la chaqueta, aletas y gafas y se sumergió, colocándose ya en el agua los plomos. Había mucha corriente producida por el fuerte viento de fuerza tres y casi cuatro de beafour. Le costaba aletear y se cansaba bajando por la fuerte corriente. El fondo era de unos diez metros y estaba alejado de la playa un kilómetro. Nada mas meter la cabeza bajo el agua se dio cuenta que había encontrado un lugar paradisiaco lleno de grandes rocas bordeadas de posidonia. Formaban como una cordillera y estaban huecas por abajo. En la primera inmersión vio que un gran pez venía hacía él bajo una enorme roca, venía amigable, dándole la bienvenida. No le disparó, quería estar seguro del tamaño, parecía grande y era un mero. Se ventiló y bajó por segunda vez, esta vez no le vio. Volvió a bajar una tercera vez y el mero vino otra vez confiado a darle sus mejores señales de hospitalidad. No tuvo dificultad, aunque el mero se encontraba a unos dos metros de distancia del arpón, el dedo apretó el gatillo y el tiro fue certero directamente entre los ojos del mero. Lo sacó sin dificultad, pero una vez que hubo ascendido con el mero a la superficie se dio cuenta que mediría algo mas de dos palmos, no era un mero grande, por lo que se sintió como un criminal después de matar a una criatura indefensa. Olvidó sus negativos pensamientos, creyendo que aquella zona estaría llena de otros meros y tal vez de mucho mayor tamaño. Continuó buceando durante tres horas mas. Hizo cuarenta inmersiones, pero se dio cuenta que bajo aquellas rocas que parecían un paraíso para la pesca submarina, no había mas peces que aquel pobre mero. Por lo que antes de que se pusiera el sol, colgó los fusiles, colocó el equipo amarrado al kayak y se dispuso a volver al punto de partida. En esos momentos la mar se había quedado buena tranquila, ahora que tenía que salir, pero daba igual, allí no había vida.
Ocurrió algo de lo que no había previsto, a pesar de ser previsor. No sabía el lugar desde el que había partido y donde había dejado el coche. Pronto se pondría el sol y si no lo encontraba andaría errante por la costa buscando su lugar. El track del GPS, no lo tenía guardado, lo único  que tenía era que había recorrido unos dos kilómetros y medio. Pero se había adentrado casí dos kilómetros en la mar buscando en doce metros lugares. Así que calculó que no podría estar mas de un kilómetro separado del lugar de donde había partido. Optó para mas seguridad en acercarse a la costa, para intentar ver el coche aparcado, a pesar de que cerca de la costa había arrecifes fuera y bajo el agua. No importaba la sonda le facilitaba el fondo.
Tuvo suerte, cuando ya estaba mas cerca de la costa se dio cuenta que se encontraba justo donde había aparcado el coche, por lo que el final fue feliz, con la única desdicha de haber matado al único animal vivo del lugar. Esto último no se lo perdonaba.
El agua estaba en 16 grados. Llevaba el traje nuevo de 7 mm sin  peto, con dos chalecos, y 6,5 kilogramos de lastre en el cinto. No hacía frío a pesar del fuerte viento incomprensiblemente  helado del sur. 

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