MI MUNDO SUBMARINO:

Aún cuando, Julio Verne describió magníficamente ese mundo desconocido, en su obra 20.000 leguas de viaje submarino, y Jackes Cousteau nos dejó imágenes maravillosas de aquellas secuencias pioneras del submarinismo. No todo esta escrito ni visto. Por eso, este blogge lo dedicaré a ver el paisaje submarino, relajante, cálido y transparente de las costas de Murcia. Y como elemento esencial del blog, una aproximación a mi afición favorita, la pesca submarina, en la que me considero un novato con 36 años de experiencia. Un saludo.



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sábado, 6 de junio de 2015

El día de los tiburones

Aquel día 6 de junio de dos mil quince, me encontraba ya sentado en la playa colocándome las aletas para iniciar la jornada de buceo, cuando se acercó una moto acuática e indicó a los que allí estábamos, que el día anterior había visto unos trece tiburones de unos tres metros en una cala cercana. Y que al día siguiente había visto en otro lugar no más distante de 3 kilómetros, a dos tiburones de un metro de longitud dando vueltas alrededor de una boya en una playa.
Como los pescadores submarinos somos unos valientes, aquello no me hizo dudar en absoluto que debía  meterme a bucear aquel día.
El agua estaba en 22 grados, llevaba el traje sin peto de 7 mm, comprado el invierno pasado, y 6 kilos de plomo en el cinto. Mas bien tenía un poco de calor en la cabeza. El agua tranquila, con una visibilidad de unos 15 metros.
Casi todo el tiempo estuve pendiente del abismo azul, por si aparecía algún tiburón, pero no vi ninguno. Al salir, un conocido pescador submarino del poblado, me dijo que le habían pasado un video en el que se veía un enorme tiburón justo en la punta de La Azohía.
Mientras buceaba, pasó un kayak con un pescador submarino y me dijo que en Portmán se habían encontrado un tiburón enorme varado en la playa. http://www.laverdad.es/murcia/201506/06/tiburon-varado-portman-20150606003135-v.html

La jornada de pesca no fue muy buena. Entré al agua a las 15 horas y salí a las 21, por lo que estuve 6 horas en remojo.
La primera captura fue difícil. Estuve una hora hasta que aquel animal allá en el fondo de una grieta se dignó a ofrecerme sus ojos. La distancia era de unos cuatro metros. Por lo que cargué el fusil en la segunda muesca para tener mas potencia de tiro. Coloqué doble vuelta de hijo en el arpón, para que tuviese holgura y no frenase el arpón al disparar.
Pero el mero no me ofrecía sus ojos. Apenas, allá en el fondo, ocultándose en una piedra, me ofrecía una aleta delantera.
Tuve paciencia, hasta que vi sus ojos. Entonces con el fusil dentro de la grieta, calculé que el hilo no tropezase, que las gomas tampoco, que el fusil estaba alineando el arpón con el ojo del mero, y apreté el gatillo. Si no le daba al mero, podría enrocarse el arpón. Si le daba al mero pero no en el ojo, podría enrocarse el mero con el arpón y perdería arpón y mero. El tiro debería ser el de un arquero, en donde la diana es el ojo del mero a una distancia de 4 metros. Eché suertes y me la jugué a perder el arpón, o el arpón y el mero.
Pero la practica del tiro con arco me dieron la serena puntería de hacer blanco en el ojo del mero. El arpón le penetró por un ojo y le salió por el ano. Es decir, le entró por el ojo de la cabeza y le salió por el ojo del culo. Doble diana pensé. El mero atravesado de esta forma no opuso resistencia. Tiré del hilo del arpón y el mero venía detrás bien clavado. Lo malo era que a la distancia donde se encontraba el mero y en la grieta tan estrecha era imposible calcular el tamaño del animal. Solo pesó un kilo. Una pena, pues pensaba que superaba los dos kilos.
Después tuve la paciencia de esperar que unos espetones me dejaran acercarme sin  percibirme. Para ello me coloqué como una pluma llevada por la corriente en dirección a favor de los espetones. Y teniendo el sol a mi espalda. Poco a poco llegué a la red de la almadraba, en donde los espetones aguardaban a sus presas. El fusil estaba apuntando al delgado lomo del espetón. No apreté el gatillo hasta saber que le atravesaría. Otra vez la practica del tiro con arco me dieron ventajilla. El espetón fue ensartado del arpón sin pensarlo mucho. Luego atravesé a un salmonete. Esa fue toda la pesquera.
 









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