MI MUNDO SUBMARINO:

Aún cuando, Julio Verne describió magníficamente ese mundo desconocido, en su obra 20.000 leguas de viaje submarino, y Jackes Cousteau nos dejó imágenes maravillosas de aquellas secuencias pioneras del submarinismo. No todo esta escrito ni visto. Por eso, este blogge lo dedicaré a ver el paisaje submarino, relajante, cálido y transparente de las costas de Murcia. Y como elemento esencial del blog, una aproximación a mi afición favorita, la pesca submarina, en la que me considero un novato con 36 años de experiencia. Un saludo.



Política de cookies

Este sitio emplea cookies para prestar sus servicios, para personalizar anuncios y para analizar el tráfico. Google recibe información sobre tu uso de este sitio web. Si utilizas este sitio web, se sobreentiende que autorizas el uso de cookies.

Entendido y estoy de acuerdo.

viernes, 7 de agosto de 2015

EL DÍA DE LAS ALETAS ROTAS, BATMAN ME ESTABA PONIENDO LOS CUERNOS CON UNA MANO.

Con los píes sin aletas no se podía bajar mas de 7 metros y costaba mucho.
La tecnología avanzada para el kayak, sonda, gps y radio marina VHF.


La Torre de Santa Elena, en La Azohía, sobre las aguas tranquilas de la costa de Cabo Tiñoso.
Un bonito fueraborda, amarró junto a mi kayak, para tomarse unas cervezas o una botella de champán.
En la foto de abajo el cormorán volando sobre la superficie del agua buscando la cena.
En las fotos de abajo el cormorán posando después de haber excretado una caca blanca y blanda de comer pescado fresco.




En la foto de abajo, una roca con la silueta de Batman, poniéndome los cuernos con su mano derecha.
La mar estaba tan tranquila que parecía una balsa de aceite de color plateado.

Todos los enseres de pesca, inútiles aquel día que no llevaba aletas.



 
Aquel día no comí. Lo hice al día siguiente a la una de la madrugada. Llegué tan tarde a mi casa que no pude comer hasta el día siguiente.
Me había hecho 80 kilómetros para bucear en La Azohía, en sus acantilados, buscando bajar a mas de 14 metros donde termina la termoclina para intentar encontrar pescado en aguas frías. . Pero la mala racha continuaba. Los tres días anteriores que estuve buceando en cada jornada 6 y 7 horas, no pude pegar ningún tiro, porque hasta las 11 metros en La Manga no había pescado, ya que el agua estaba a 29 grados.
Llegué tarde a la Azohía. Preparé el kayak con todos los enseres dentro y me puse el equipo de pesca. Pero cuando iba a coger las aletas, vi que estaban despegadas. Pensé que había hecho un viaje muy largo y todo se había frustrado. No disponía ese día en el coche de aletas de recambio. Así que intenté meterme sin aletas, con todo el equipo. Fue en vano. No podía bajar mas de 7 metros, y a esa profundidad no había pescado alguno. Después de remar con el kayak cuarenta minutos, llegué a Cala Abierta, que se encontraba a 4 kilómetros de donde había botado el kayak.  Estuve buceando solo dos horas, y ya que no podía pescar, me fijé en el paisaje que me rodeaba. En el monte se podía divisar la silueta de un Batman, poniéndome los cuernos con una mano. Luego vi un cormorán, que me enseñaba sus grandes aletas de las patas, con esas si se podía nadar bien bajo el agua. Y yo con mis pies desnudos. Me fui acercando al cormorán hasta ponerme debajo de él. El animal no se daba cuenta que me tenía debajo, miraba el horizonte. Pero tonto no era, así que después de posar un buen rato, se fue volando a buscar comida mar adentro, a mayores profundidades en donde se encuentra ahora el pescado. Se supone que aquel cormorán ya había comido ese día y el día anterior, pues la roca en la que estaba posado tenía un chorrete de caca blanca blanda. Esa caca es la clásica después de comer pescado fresco. Ni siquiera tuve suerte para comer, cuando me dispuse a hacerlo, me di cuenta que el boquerón que tenía preparado para comer estaba oxidado, rancio. No tenía otra comida y era la una de la madrugada del día siguiente. Así que me comí aquel boquerón asqueroso, después de haberlo descongelado y pensé que este año, no me estaban saliendo las cuentas. La mala suerte me acompañaba allí donde fuese. El día siguiente me esperaban una ciudad con mas de 40 grados, sin poder salir ni siquiera a la calle, encerrado en casa, a la que iba de invitado. Mientras tanto, se daba una de las circunstancias que tanto había esperado, la mar estaba tan tranquila que parecía un plato de aceite de color plata. Pero, casi nunca uno es dueño de su destino. Se hacen cosas que no se desea hacer, y las que uno si desea realizar, las circunstancias lo impiden casi siempre.

No hay comentarios: