MI MUNDO SUBMARINO:

Aún cuando, Julio Verne describió magníficamente ese mundo desconocido, en su obra 20.000 leguas de viaje submarino, y Jackes Cousteau nos dejó imágenes maravillosas de aquellas secuencias pioneras del submarinismo. No todo esta escrito ni visto. Por eso, este blogge lo dedicaré a ver el paisaje submarino, relajante, cálido y transparente de las costas de Murcia. Y como elemento esencial del blog, una aproximación a mi afición favorita, la pesca submarina, en la que me considero un novato con 36 años de experiencia. Un saludo.



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martes, 11 de agosto de 2015

LA GRIETA PERDIDA DE BORRIQUETE CON KAYAK






En vista de que todo lo que se relaciona con el Sabio Borriquete, es suerte en la pesca. Decidí aquel día que me encontraba sin coche, hacer una incursión en kayak a aquella grieta perdida a 14 metros, que un día me enseñó mi buen amigo Borriquete. Fue una actuación fácil. Después de mas de una hora remando, llegué a aquel woipoint, marcado con el número 16. Había hecho desde que salí con el kayak a las 14 horas, unos 5 kilómetros y doscientos metros. Eché el ancla justo donde el Gps marcaba aquel woipoint, y la precisión fue absoluta. El ancla cayó justo donde comenzaba aquella grieta que podía dar alguna sorpresa.
´Después de echar el ancla,  me coloqué el equipo y comencé a inspeccionar a 14 metros de profundidad aquella raja formada por una grieta de rocas entre posidonias. Las dos primeras bajadas, no vi a las habituales corvinas, pero un grupo de pequeños dentones de medio kilo se me aproximaron. Clavé uno que se quedó enganchado entre la posidonia del fondo. Tuve que bajar tres veces, después de rematarlo con la daga, para poder desengancharlo de aquella red de posidonia. Luego, en otra bajada, clavé otro pequeño dentón. Y a continuación desparecieron. Me tiré allí buceando en aquella limitada grieta unas tres horas. Cuando, casi había decidido cambiar de lugar, me encontré desde media agua, la silueta de un mero medio escondido. Pensé que si se veía de un tamaño considerable a 14 metros, tal vez el mero fuera de un peso razonable. Bajé en picado con el fusil apuntando al mero. No le di tiempo a esconderse en su madriguera. Un certero disparo le atravesó justo cuando el mero intentaba huir. Por dicha razón apuntándole a la cabeza el mero se volvió en milésimas de segundo y el arpón le atravesó la parte del cuerpo próximo a la cabeza en sentido transversal. Cogí el arpón con el mero antes de ascender a la superficie y le rematé con una incisión de la daga que llevaba en la pantorrilla. Le colgué en el aro junto a los dentones. Pensé en cambiar de sitio con el kayak, para lo que tendría que recoger todo el equipo. Pero una vez que lo recogí, y tomé unas barritas isotónicas y bebidas junto con agua, vi el reloj que marcaba las 19 horas. Me quedaba remando de vuelta mas de una hora. Decidí que por aquel día no iba a dedicarle mas horas a la pesca. A pesar de que el momento era el ideal para clavar un buen mero, poco antes de ponerse el sol. El agua estaba en 28,9 grados. Era  muy agradable bucear. Llevaba el chaleco de 2 mm, junto con unas bermudas de neopreno, y una chaqueta de camuflaje de 3 mm en origen, pero que ahora tendría 2 mm.  En el cinto llevaba dos kilos y medio de plomos. No me encontraba en muy buena forma, pero día a día iba consiguiendo bajar mas allá de los cansinos 11 metros que había en las primeras barras de La Manga, en donde no disparé ni un tiro.  Al final no pude mojarle la oreja a mi amigo el Sabio Borriquete, pero ya vendrán las perseidas, que me harán coger una pieza decente, como ocurre todos los años por estas fechas. Esta vez, la exclusiva en pesca de Borriquete, quedaba mermada por la pesquera. El mero pesó limpio de vísceras, un kilo y medio. Y cada uno de los pequeños dentones pesaron medio kilo. Me comí uno de ellos quedándome completamente saciado. No todo iba a ser comer a la una de la madrugada del día siguiente unos miserables boquerones descongelados y rancios. Ese día pude saborear un delicioso dentón. Y el mero lo congelé para regalarlo a mi amiga.

2 comentarios:

borriquete dijo...

si es que, con mero en el pasador, todo se ve de otro color

Jack Blake dijo...

Sea en el pasador, sea en su cueva, si se ve un mero y se dispara un tiro al menos, el aburrimiento se va aunque lleves pescando muchas horas.