MI MUNDO SUBMARINO:

Aún cuando, Julio Verne describió magníficamente ese mundo desconocido, en su obra 20.000 leguas de viaje submarino, y Jackes Cousteau nos dejó imágenes maravillosas de aquellas secuencias pioneras del submarinismo. No todo esta escrito ni visto. Por eso, este blogge lo dedicaré a ver el paisaje submarino, relajante, cálido y transparente de las costas de Murcia. Y como elemento esencial del blog, una aproximación a mi afición favorita, la pesca submarina, en la que me considero un novato con 36 años de experiencia. Un saludo.



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domingo, 2 de agosto de 2015

La terrible chaqueta de invierno y la pesadilla de bucear con ella en verano.

A veces un error de cálculo puede hacernos pasar un mal rato dentro del agua. Eso me ocurrió ayer. Me había colocado una chaqueta de 7 mm biforrada, junto a unas bermudas de neopreno, para evitar rozaduras en las corvas. Pensando que con una chaqueta de 3 mm pasaría frio si había termoclina. Me coloqué aquella de 7 mm.
Fue horroroso el tiempo que estuve buceando. Seis largas horas de angustia, con un calor en la cabeza que me impedían bucear con relajación. Intentando echarme agua por dentro de la capucha para que el calor no me hiciera explotar el cráneo. Aguanté tanto tiempo, para hacer ejercicio.
Por si fuera poco, al llevar una chaqueta de tanto grosor, tuve que ponerme 4,5 kilos de plomo en el cinto, en vez de dos kilos que es lo que suelo llevar en verano. Ello me impedía bajar y subir con comodidad. Otro obstáculo fue la linterna led, que no encendía. Tenía que darle fuertes golpes para que las pilas hiciesen contacto y encendiese. Pero eso no era todo aquel día. Me había hecho 70 kilómetros para encontrar el único sitio al abrigo del levante de fuerza 5. Pero tampoco allí estaba la mar buena, una fuerte marejada de fondo y una corriente, de levante, me hicieron estar cansado al avanzar en superficie y también al bajar y subir. Por si eran pocas las calamidades del día, no vi pescado alguno, salvo un mújol y un mero. Logré arponear al mújol. El mero se escondió y desapareció. El agua estaba en todo momento en 28 grados.
Para sentirme mas desafortunado, en la ida me encontré a otro pescador submarino que volvía, estaba haciendo planeos por el fondo con una duración de dos minutos y cuarenta segundos. Los hacía a favor de la corriente, pero visto desde arriba parecía que llevase botellas pues no sentía el agobio de la falta de aire durante tan largas inmersiones en apnea dinámica. Me sentía un desgraciado, ya que yo apenas podía bajar al fondo de unos 12 metros y subir, todo eso en 40 segundos. Y para rematarme me dijo que había capturado dos meros, uno de 2,5 kilos y otro de 1,5 kilos. Yo no los vi, pero viéndole bucear de esa manera, lo extraño es que no hubiese cogido un mero de 50 kilos. Cosa imposible, pues no se encuentran meros de dicho tamaño en la zona.

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