MI MUNDO SUBMARINO:

Aún cuando, Julio Verne describió magníficamente ese mundo desconocido, en su obra 20.000 leguas de viaje submarino, y Jackes Cousteau nos dejó imágenes maravillosas de aquellas secuencias pioneras del submarinismo. No todo esta escrito ni visto. Por eso, este blogge lo dedicaré a ver el paisaje submarino, relajante, cálido y transparente de las costas de Murcia. Y como elemento esencial del blog, una aproximación a mi afición favorita, la pesca submarina, en la que me considero un novato con 36 años de experiencia. Un saludo.



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sábado, 12 de septiembre de 2015

El mero que bajó mi colesterol


Volví  a ponerme el traje de bucear de verano. El agua estaba en 25 grados. Con solo dos kilos de plomos en el cinto, un traje sin peto de 2 mm, ya viejo y un chaleco de 2 mm, también viejo, inicié la jornada de pesca. El día estaba nublado. Suponía que era ideal para los dentones. Y así fue. Pero los dentones que se me acercaron no pesarían mas de medio kilo, igual que las lechas. Por lo que decidí no dispararles. Venían ingenuamente a pararse frente a la punta del arpón. Era un banco de dentones y lechas. Pero me mantuve impertérrito sin disparar, pensando que, tal vez, aparecería un dentón grande. No tuve suerte, pues el dentón que yo esperaba no aparecía. Después de unas 10 esperas en la cueva, opté por coger el fusil de 90 para pescar al agujero. Bajé unas 50 veces, pero no se veía nada de pescado. Algunas corvinas de 300 gramos, de las que clavé dos para comer. Luego vi en su sitio habitual unas corvinas perro, de mas de un kilo. Pero no me dieron opción a apuntarle. Desaparecieron rápidamente. A la vuelta bajé a aquella cueva, en la que a la ida había observado unas corvinas y una sombra que supuse era un mero. Allí estaba el mero mirándome desde el fondo de la cueva. Dirigí rápida y silenciosamente de forma suave el fusil apuntando a la cabeza del mero. Y como si fuese la cosa mas natural del mundo, con mucha suavidad y rapidez apreté el gatillo. El arpón fue certero a la cabeza del mero. Conseguí sacarlo sin dificultad alguna. Parecía mas grande en la cueva. No obstante en casa pesado en una báscula de precisión de cocina, el mero marcó los 1.850  gramos. Las corvinas pesaron juntas medio kilo. Inmediatamente que llegué a casa los metí en el congelador, para regalarlos a mi amiga. Y me abrí una lata de fabada asturiana, que me llenó a tope, a la vez que reponía mis energías perdidas. Había adelgazado después de 4 días buceando, unos cuatro kilos. Debería seguir buceando todos los días del mes, para rebajar el colesterol malo. Antes del día D.

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