MI MUNDO SUBMARINO:

Aún cuando, Julio Verne describió magníficamente ese mundo desconocido, en su obra 20.000 leguas de viaje submarino, y Jackes Cousteau nos dejó imágenes maravillosas de aquellas secuencias pioneras del submarinismo. No todo esta escrito ni visto. Por eso, este blogge lo dedicaré a ver el paisaje submarino, relajante, cálido y transparente de las costas de Murcia. Y como elemento esencial del blog, una aproximación a mi afición favorita, la pesca submarina, en la que me considero un novato con 36 años de experiencia. Un saludo.



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domingo, 29 de noviembre de 2015

El mero del día del pisete apretado





Llevaba ya dos meses en el dique seco. Una intervención quirúrgica me obligó a perderme los dos mejores meses del año para la pesca submarina, octubre y noviembre. Mi amigo el Sabio Borriquete, me hacía recuperarme rápido, cuando cada día me enviaba las grandes pesqueras que sacaba. Yo se lo agradecía mucho, porque incentivaba mi rápida recuperación, para un día llegar a mojarle la oreja. Pero me había puesto el listón muy alto. No obstante, yo no confiaba mucho en el resultado de la operación quirúrgica, pero si en mi tozudez para mojarle la oreja, antes o después a Borriquete.
Aquel día, entré al agua a las 15,30 horas y salí a las 17,30 horas. Sólo dos horas buceando. La causa era que, después de estar dos meses sin bucear, todo el equipo estaba sin estar a punto. Las boyas sin inflar. Los infladores perdidos. Tropecientos viajes de ascensor para bajar y preparar todo el equipo dentro del coche. Luego, que si aquí en este lugar no se puede bucear porque pega el oleaje de mar de fondo mucho. Cambio de lugar y empiezan las dudas. La mar no me es gratificante. Está jodida a rabiar. Pero, yo estoy rabiando por meterme para comprobar que la recuperación ha sido la adecuada y que puedo pescar.
Al final me metí. No pasé frio. El agua estaba en 17 grados. En el cinto cinco kilos y medio de plomos. Llevaba la chaqueta de 7 mm., comprada el año anterior. Dos chalecos de 3 mm, ya gastados. Un pantalón de 7 mm, que ahora tendría menos de 4 mm., al que había hecho un agujero hermético para meter el tubito del pisete,  recientemente fabricado por mi. Le metí alrededor del pisete dos tiras de welcro de doble cara bien apretadas. Además de una cinta de malla autoadhesiva. Tanto las apreté que tenía que hacer pis a trompicones. No había calculado que al hacer pis, el diámetro del pito aumenta. No obstante, pude desenvolverme bien. Con mucha cautela para no joderme la cicatriz interna de la intervención quirúrgica. Este día había marcado un hito. Era la primera vez en mis 33 años de pescador submarino,  en que, gracias al pisete, no hice pis dentro del traje. El pis salía por el tubito del pisete fuera del traje. Estaba alucinando. El olor del traje y del cuerpo, después de la jornada de pesca, ya no era de pis o amoniaco, sino a gel de ducha. El mismo gel con el que se riega el traje por dentro antes de ponérselo para que resbale el neopreno microporoso interior.
Vi un mero, pero después de bajar varias veces por la zona en donde se podría haber escondido, no logré encontrarlo.
Después vi otro, acompañado de un   mero mas chico. Me dio un poco de pena matar al grande y dejar al pequeño sin pareja o huérfano. Pero, pensé que Borriquete no hubiese reparado en tales detalles. Así que bajé y el mero estaba allí a lo lejos de la cueva. Le apunté a un ojo y disparé. El animal fue atravesado desde el ojo hasta la cola. Tuve que apretar el arpón, una vez soltado el hilo, para sacarlo por la cola y de esa forma poder sacar el arpón con el hilo de la manera mas sencilla. El mero pesó un kilo y 900 gramos. Pensaba que pesaría mas de dos kilos. Pero la falta de habitualidad en este deporte, me hizo sobrevalorar el peso del animal. No importa, a Borriquete le iba a dar un pequeño disgusto de aperitivo. La comida y la cena vendrán en días posteriores. Hoy ya me consideraba agraciado, pues había cubierto tres objetivos, hacer deporte, comprobar que la recuperación había sido la correcta, y coger un mero. Todo ello en tan solo dos horas, cuando lo normal es que nunca esté en el agua menos de cinco horas.

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