MI MUNDO SUBMARINO:

Aún cuando, Julio Verne describió magníficamente ese mundo desconocido, en su obra 20.000 leguas de viaje submarino, y Jackes Cousteau nos dejó imágenes maravillosas de aquellas secuencias pioneras del submarinismo. No todo esta escrito ni visto. Por eso, este blogge lo dedicaré a ver el paisaje submarino, relajante, cálido y transparente de las costas de Murcia. Y como elemento esencial del blog, una aproximación a mi afición favorita, la pesca submarina, en la que me considero un novato con 36 años de experiencia. Un saludo.



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viernes, 13 de mayo de 2016

De vez en cuando hay que cazar un mero.


Se trataba de meterse a bucear después de 15 días sin hacerlo, por culpa de las borrascas y de la mala mar. Si no pescaba, por lo menos me pondría en forma buceando y rebajando barriga con tropecientos golpes de riñón.
Se me hizo tarde para meterme, porque desde un lugar poco propicio por el viento, pasé a otro, en donde las piedras estaban mas cerca de la playa y por lo tanto el viento no tendría espacio para levantar olas grandes. Así que entré al agua a las 15 horas, saliendo de bucear a las 20 horas. Cinco horas buceando no estaba mal para hacer entrenamiento. Eso si, no se veía pescado bajo las piedras, el agua estaba mas fría que las semanas anteriores, desde los casi 18 grados, había bajado hasta 16. Me había quitado el chaleco de manga corta y por ello a las dos horas de estar buceando tenía las manos insensibles, congeladas. Pero aguanté nadando velozmente en superficie y así, quemando calorías, entré en calor, volviendo a tener sensibilidad en los dedos de las manos.
A la ida, después de bajar a una piedra, divisé un  mero respetable que se esfumó rápidamente, si  darme tiempo a verlo. Fue como un flash. Después miré por otro lado, vi su cabezota unas milésimas de segundo, desapareciendo sin darme oportunidad de apuntarle con el fusil. Por ello, para calentarme, decidí avanzar en superficie haciendo millas.
A la vuelta, bajé a la piedra donde había visto el mero a la ida. Pero no estaba por ningún lado que mirase. Pero en la última bajada, antes de abandonar el lugar, conseguí verlo al fondo de una rendija estrecha. Disparé a los ojos. Bajé otra vez y vi que el mero estaba clavado pero cerca de los ojos, no en aquellos. Coloqué un boyarín flotante al fusil para mantener tensión y que el mero no pudiera enrocarse. Luego busqué otro fusil de 90 para rematarlo, pero el fusil de no utilizarlo estaba encasquillado. Pensé que eso ocurría porque hacía tiempo que no había cazado un  mero y  no había utilizado el fusil de repuesto, por eso aquel estaba en malas condiciones de disparar. Efectivamente, desde el 2 de diciembre del año pasado, cuando el día de la chaqueta caliente para Borriquete, no había visto, ni cazado un mero.  Cambié de fusil y cogí el 75 mm., pero lo cargue en la segunda muesca para que tuviera mas penetración. Apunté a un ojo del mero y disparé. El arpón le atravesó el ojo por el centro del mismo, como si fuese una diana de tiro con arco a 50 metros. Luego cogí el gancho sacameros, que me fabricó mi amigo Borriquete, para intentar coger con la uña extractora uno de los arpones y hacer tracción para sacar el mero. Pero este se hallaba encajado en la pequeña rendija y no salía. Así que cambié utilizando esta vez el gancho sacameros en vez de la uña. Apliqué el gancho a la boca del mero y tiré con fuerza. Noté que el mero se venía detrás del gancho, dejando el atascamiento de la rendija en la que se hallaba. Me felicité, porque faltaba poco tiempo para ponerse el sol y, de no haber sacado el mero, hubiera tenido que dejarlo allí, para volver mañana a sacarlo.
Al final, clavé un salmonete, y quitado una corvina grande que no pude cazar porque se escondió rápidamente, solamente vi esas piezas, mero y salmonete, y muchos sargos chicos. El fondo estaba desierto, después de haber bajado en 5 horas mas de 70 veces a escudriñar bajo las piedras.
Cuando pesé el mero, me llevé una decepción. Solo pesaba 2 kilogramos. Había pensado que pesaría mas.
 

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