MI MUNDO SUBMARINO:

Aún cuando, Julio Verne describió magníficamente ese mundo desconocido, en su obra 20.000 leguas de viaje submarino, y Jackes Cousteau nos dejó imágenes maravillosas de aquellas secuencias pioneras del submarinismo. No todo esta escrito ni visto. Por eso, este blogge lo dedicaré a ver el paisaje submarino, relajante, cálido y transparente de las costas de Murcia. Y como elemento esencial del blog, una aproximación a mi afición favorita, la pesca submarina, en la que me considero un novato con 36 años de experiencia. Un saludo.



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martes, 31 de mayo de 2016

Los magres del olvido





Aquel día olvidé el reloj de apnea. No podría saber el tiempo de recuperación en superficie, ni la temperatura del agua. Pero no iba a volver para recogerlo porque era ya tarde. Al llegar a la playa, me di cuenta que también había olvidado la plancha hinchable. Ello me impediría avanzar con rapidez, pues al llevar colgado en la boya torpedo todo el material, incluida una malla conteniendo múltiples cosas, eso me hacia de ancla flotante y me frenaba el avance con las aletas. No obstante, decidí meterme. Tampoco podría llevar la bolsa nevera encima de la plancha, con lo que tendría que meter las barritas y la bebida en la malla, la cual ofrecería aún mayor resistencia al avance. Luego, olvidé ponerme uno de los chalecos, cosa que unido a que probablemente la temperatura del agua estuviese mas fría que otros días, me hizo sentir incómodo con un pelín de frio en la espalda, a pesar de que llevaba otro chaleco y el traje de 5 mm. En el cinto me puse 4,5 kilos de plomos. Deduje que el agua estaría entre 18 y 19 grados.
Antes de rebasar la punta, me vinieron a saludar en un banco, unos magres, o herreras de 612 gramos cada una. Yo les devolví el saludo de la forma mas salvaje, clavando una de ellas, mientras las demás emprendían la huida. Después, a pesar de la rémora del equipo colgado en la boya, avancé demasiado deprisa, pues no había salmonetes como otros días y no me entretuve mucho. Clavé solo dos pequeños salmonetes.
Volví al otro lado de la enorme bahía, buscando unas rocas. Allí no había nada. Pero al bajar a una de las piedras, en donde años atrás vi un mero. Casualidad, o piedra merera, allí había otro mero que me daba la silueta del morro de perfil. El resto del cuerpo escondido. Mientras redireccionaba el fusil, el mero se escondió sin darme tiempo a dispararle. Ya no le vi mas.
Cuando ya me iba a recoger, de repente, un pequeño banco de salpas, se metieron debajo mío velozmente huyendo de algún depredador. Efectivamente, pude verlo, era un gran dentón con las rayas verticales marcando su cuerpo, como traje de camuflaje del buen cazador. Venía persiguiendo a las salpas, desde abajo, como ellos suelen cazar, y las salpas se venían para arriba buscando el cobijo de mi cuerpo. El dentón me vio y velozmente frenó, dio media vuelta y desapareció.
Quise antes de salir, ir al lugar en donde había visto los magres y volví a encontrarlos. Me dirigí hacía el banco, eran muy grandes, y emprendían una huida lenta. Pero viendo que les perseguía, decidieron venir bajo mi cuerpo a toda velocidad. No me daba tiempo a apuntarle, pero al final fijé el arpón en uno y apreté el gatillo alcanzándole con el disparo. Ambos magres pesaron cada uno, exactamente 612 gramos. Me comí uno de ellos asado. Tenía hueva.
El día anterior, en el mismo lugar, al atardecer, vi a otros depredadores, unas lechas enormes, pesarían unos diez kilos cada una, iban veloces  como leopardos persiguiendo al banco de magres, que vinieron a refugiarse bajo mi cuerpo, mientras las lechas, al divisarme emprendieron la huida veloces también. Asimismo, el banco de magres sufrió el acoso de otro depredador, un dentón grande, misma historia, banco de magres que se refugia bajo mi silueta, y el dentón al verme huye.
Hoy he encontrado junto al acantilado el cadáver de un dentón grande. Tal vez, algún depredador mas grande que él le había atacado, arrancándole un trozo de su carne.
Al final me he pegado un atracón comiendo tres marineras, guacamole, queso azul, el magre, un tercio de cerveza y una naranja.

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