MI MUNDO SUBMARINO:

Aún cuando, Julio Verne describió magníficamente ese mundo desconocido, en su obra 20.000 leguas de viaje submarino, y Jackes Cousteau nos dejó imágenes maravillosas de aquellas secuencias pioneras del submarinismo. No todo esta escrito ni visto. Por eso, este blogge lo dedicaré a ver el paisaje submarino, relajante, cálido y transparente de las costas de Murcia. Y como elemento esencial del blog, una aproximación a mi afición favorita, la pesca submarina, en la que me considero un novato con 36 años de experiencia. Un saludo.



Política de cookies

Este sitio emplea cookies para prestar sus servicios, para personalizar anuncios y para analizar el tráfico. Google recibe información sobre tu uso de este sitio web. Si utilizas este sitio web, se sobreentiende que autorizas el uso de cookies.

Entendido y estoy de acuerdo.

lunes, 6 de junio de 2016

El día de la noche mas calurosa capturé la corvina angustiofila



Con el ánimo de estar buceando hasta la puesta del sol, me metí en el agua a las 15 horas. Tenía unos leves retortijones de vientre, y un poco de nauseas, probablemente consecuencia de la mala alimentación que llevaba durante los últimos cuatro días en que estuve pescando consecutivamente. Dos comidas al día, desayuno y cena, teniendo en cuenta que el desayuno era abundantemente de frutos secos, fruta y kéfir, mientras la comida a base de pescado y guacamole picante. Sea como fuere, aguanté el malestar, pues la mar estaba planchada y la temperatura del agua era ideal, 21 grados centígrados. Llevaba el mismo equipamiento que los dos días anteriores, solo que esta vez me dejé en el cinto tan solo 4 kilos de plomo y bajaba bien a fondos de menos de diez metros. Probablemente la escasa comida y el ejercicio diario de la pescasubmarina, me había dado una acuaticidad exagerada que me hacía necesitar menos kilos de lastre.
No bajé muchas veces solo unas 87. Mientras que el día anterior bajé 106. También estuve una hora menos buceando que el día anterior. Ya estaba aburrido y no se veía pescado, mientras la sensación de nauseas y retortijones no había cesado. Ya había cubierto la jornada con dos corvinas medianas, un salmonete, y al final, a las 20 horas, me encontré el premio al aguante físico, por medio de una corvina grandota. Al final pesó en la báscula de la cocina 1.194 gramos. Era una corvina con mucha fuerza, pues después de haberle disparado atravesándola por detrás de las agallas, sacándole el hígado, tiraba de mi bajo el agua con una energía que ya la quisiera yo aquel día, a esas horas. Terminé clavándole la daga en la cabeza para matarla y que no sufriera el animal, y con ello no produjera ácido láctico, con lo cual la carne hubiera esta mala. El sufrimiento del animal antes de morir, hace mala la carne del pescado.
Cuando llegué a casa, comí a las 23 horas la segunda comida del día. Tostas de guacamole, salmón, queso, tomate y aceitunas. De postre sandia. Me puse las botas, pero esta vez no de salmonetes.

No hay comentarios: