MI MUNDO SUBMARINO:

Aún cuando, Julio Verne describió magníficamente ese mundo desconocido, en su obra 20.000 leguas de viaje submarino, y Jackes Cousteau nos dejó imágenes maravillosas de aquellas secuencias pioneras del submarinismo. No todo esta escrito ni visto. Por eso, este blogge lo dedicaré a ver el paisaje submarino, relajante, cálido y transparente de las costas de Murcia. Y como elemento esencial del blog, una aproximación a mi afición favorita, la pesca submarina, en la que me considero un novato con 36 años de experiencia. Un saludo.



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domingo, 5 de junio de 2016

El día que murió Cassius Clay

 
 
 








Con la muerte de Cassius Clay, había muerto un ídolo de nuestra generación. Paradojas de la vida, siendo un gran deportista, murió poco a poco, desde una edad joven cuando solo tenía 40 y pocos años. Ese deporte que tanto me gustaba de pequeño,  mucho mas viendo la forma de boxear de Cassius Clay,  era una fuente cuya agua mataba a quienes lo practicaban. Unos morirían por K.O. en la lona, otros lentamente con el transcurso de los años y pocos llegaban a viejos con salud. Curiosamente, otros que nunca practicaron deporte alguno, vivieron con calidad de vida hasta casi los cien años, por ejemplo Winston Churchil. Según aquel la calidad de vida que tenía a una edad tan avanzada se la debía al deporte. Cuando le preguntaron a qué deporte, él contestó que gracias a que nunca practicó ninguno.
Aquel día en que el agua estaba entre 20 y 21 grados, era agradable bucear. El anticiclón dejaba la mar hecha un mar de plata tranquilo. Mismo equipamiento que el día anterior. No se veía pescado, por lo que me colgué del brazo la Canon y comencé a disparar a las esponjas marinas. Alguien me pregunto antes de meterme si en esa zona había esponjas marinas. No las he visto, le contesté. Pero fijándome, divisé varias. En casi todas las piedras había esponjas. Eso si, de poco tamaño. Las había también negras. Tal vez el tamaño se debiera a la contaminación del agua.
Estuve 6 horas buceando. Era ya el cuarto día consecutivo que buceaba. Los días anteriores solo estuve 5 horas cada día. Hoy había bajado 106 veces. Poco pescado. Una dorada a la que le reventé el ojo al dispararle desde arriba, escondida entre dos piedras con algas. Luego un salmonete de casi 400 gramos. Otra corvina grande que la alcancé al atardecer dentro de su cueva, detrás de un sargo gordo. El tiro de la corvina fue adivinatorio. Solo se veía un resplandor dorado detrás del sargo. Apunté aproximadamente, y la clavé en el ojo. Lo demás todo poco y morralla, para comer.
Cuando salí regalé la pesquera al dueño de la cochera en donde guardo la barca rota, el kayak y la bicicleta. No me había subido el alquiler en 5 años y algunas veces me había regalado calamares. Ahora que no sacaba su barco, le vendría bien comer pescado fresco.

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