MI MUNDO SUBMARINO:

Aún cuando, Julio Verne describió magníficamente ese mundo desconocido, en su obra 20.000 leguas de viaje submarino, y Jackes Cousteau nos dejó imágenes maravillosas de aquellas secuencias pioneras del submarinismo. No todo esta escrito ni visto. Por eso, este blogge lo dedicaré a ver el paisaje submarino, relajante, cálido y transparente de las costas de Murcia. Y como elemento esencial del blog, una aproximación a mi afición favorita, la pesca submarina, en la que me considero un novato con 36 años de experiencia. Un saludo.



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jueves, 8 de junio de 2017

El denton del I.B.I









Aproveché aquel día, en que la mar de levante me daba un solo día,  para pescar. Estuve buceando cinco horas, con un agua entre 22 y 23 grados, con el traje sin peto de 5 mm, un chaleco de 1 mm, cinco kilos y medio de plomos, de lastre, en el cinto.
Hacía ya casi diez días que no buceaba, por culpa de la maldita mar de levante.
Aquel día, comencé mirando los recibos del I.B.I. del presente año. El alcalde de la localidad en Cartagena, había bajado las cuotas un 6% respecto del año anterior. Había que pagar el I.B.I.,  como todos los años, pero este año con premio.
Agradecido al político de turno, entré a la mar a las 16 horas, saliendo a las 21 horas del agua. Ya, después de una hora buceando, estaba aburrido, en baja forma, y casi estuve a punto de salir, pues nadando contra corriente del sureste, estaba muy cansado. Pero, después de haber revisado con la linterna una roca del fondo, antes de ascender a la superficie, desde la posición en la que me encontraba entre unas rocas escondido, pude ver, a lo lejos un dentón. Así que, aunque ya había agotado prácticamente mi reserva de aire, decidí aguantar un poco mas sin subir a la superficie, esperando a ver si el dentón decidía acercarse a donde me encontraba. El animal, lo intentó una vez, pero,  cuando aún no estaba lo suficientemente cerca del alcance del arpón, se alejó. Yo seguí allí, aguantando la respiración en el fondo, esperando ver si el dentón, por curiosidad, se dignaba acercarse una segunda vez. Así fue, el dentón, otra vez intentaba acortar la distancia que nos separaba, dirigiéndose hacia mi. Pero repitió la jugada anterior, no se acercó lo suficiente y volvió a alejarse. Yo, ya al borde de la asfixia, continué allí, sin moverme, mirando, sin mover los ojos, si el dentón lo intentaría una tercera vez el acercamiento definitivo. Tal vez llevado por una curiosidad que mata, esta vez el dentón, se dirigía hacía mi sin retroceder, venía a toda velocidad, así que, lentamente apunté a su cabeza, sin esperar que se pusiera de costado. El certero fusil que llevaba era un beuchat de 90 cm., y el arpón llevaba una sola muerte o aletilla, las gomas no estaban tensadas en la segunda muesca. Todo estaba en contra de que el dentón no pudiese escapar por el desgarro de una sola muerte, por la falta de fuerza del arpón, cargado solo en la primera muesca, y por la poca fuerza y alcance de un fusil de 90 cm. Pero, me di cuenta que, aquel dentón había tomado una decisión suicida aproximándose a la punta del arpón. Cuando calculé que el arpón lo podía atravesar, por estar lo suficientemente cerca, apreté el gatillo, vi como el dentón huía atravesado por el arpón. Ascendí a la superficie, mientras tiraba sin parar de la cuerda del arpón, para evitar que el animal se restregase contra el fondo y pudiese desprenderse del arpón, que, aunque le había atravesado, con una sola muerte era arriesgarse a perderlo. Le subí a la superficie y le agarré con el dedo pulgar e índice por debajo de las agallas, mientras sacaba la pequeña daga y le daba una buena cuchillada en la cabeza. Ya no podría escapar. No obstante, no le solté de donde le tenía agarrado, hasta clavarlo, por la misma herida que le había hecho con la daga, en el aro portapeces.
Continué la jornada, solo llevaba una hora y media buceando y cercanos se veían varios dentones. Cambié de fusil, cogiendo el largo de 115 cm, cargado en la segunda muesca y con dos muertes, o aletillas en el arpón. Hice algunas esperas, escondiéndome en las algas. Pero no apareció ningún dentón. Luego volví a cambiar de fusil, cogiendo el de 90 cm. y estuve bajando con la linterna, mirando bajo las rocas, pero no se veían, nada mas que algunos sargos de no mucha envergadura. Algunos meros divisé al recogerme, de un tamaño que sobrepasaba el kilo y medio, aproximadamente. Pero los animales se escondían y desaparecían. De nada servía luego buscarlos con la linterna.
El sol se iba a poner en poco tiempo. Eran ya casi las 21 horas, nadé velozmente a favor de la corriente y salí. El dentón del día del recibo del I.B.I., a pesar de su envergadura que, ocupaba casi toda la aleta, solo pesaba un kilo y doscientos gramos. Seguramente, le pasaría como al recibo del I.B.I, que este año había bajado un 6% respecto al año anterior. Era este un año de rebajas en todo, menos en la mala mar.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

¡ Esplendida sama hembra !

Jack Blake dijo...

Efectivamente. Era una sama hembra. Si no lo hubiese sabido antes de dispararle, jamás lo hubiese capturado. El detalle, lo daban los ovarios, cargados de huevos. De ahí, deduje que era hembra. Luego, por supuesto antes de apretar el gatillo, le pregunté gentilmente por su familia. Me adivinó ella antes el pensamiento y me dijo por activa y por pasiva, que no sabía nada de la familia Dentón. Así que, viendo y pensando en lo descrito, no tuve mas remedio que apretar el gatillo. Si la sama me engañaba, su vida estaba en juego. Pero gracias a Dios, no me engañó, era una auténtica sama hembra. Cuando tenga tiempo rectificaré el titulo equivocado. Era la Sama del IBI, NO, NUNCA JAMÁS, el Dentón del IBI.
Agradecido anónimo, por el detalle de hacerme rectificar. Saludos.