MI MUNDO SUBMARINO:

Aún cuando, Julio Verne describió magníficamente ese mundo desconocido, en su obra 20.000 leguas de viaje submarino, y Jackes Cousteau nos dejó imágenes maravillosas de aquellas secuencias pioneras del submarinismo. No todo esta escrito ni visto. Por eso, este blogge lo dedicaré a ver el paisaje submarino, relajante, cálido y transparente de las costas de Murcia. Y como elemento esencial del blog, una aproximación a mi afición favorita, la pesca submarina, en la que me considero un novato con 36 años de experiencia. Un saludo.



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miércoles, 12 de julio de 2017

La pintura de acuarelas y la pesca submarina















No tengo mucha idea de pintar, casi nada de dibujar y no logro adquirir la auténtica técnica de la pintura en acuarelas. No obstante, debido al tiempo libre, por culpa de la mala mar cotidiana que me impedía practicar la pesca submarina, decidí comenzar a practicar con acuarelas, aunque el resultado no pueda considerarse ni aceptable ni como acuarela. Así decidí que cada día de mar mala debía pintar algo. Poco a poco conseguiré aprender una aproximación a la verdadera pintura de acuarelas.
Aquel día 10 de julio, la mar parecía estar aceptable para bucear. Me puse la chaqueta de 5 mm, un chaleco de 3 y unos pantalones gastados de 3 mm. En el cinto llevaba 3 kilos de plomos. El agua estaba en 25 grados centígrados. A la media hora de estar buceando vi un mero, parecía grande, pero se escondía y no me daba tiempo a calcular el tamaño real. A la quinta vez, pensé en bajar sin encender la linterna y bajé alejado de la boca de la cueva. Cuando estaba llegando al fondo, divisé la sombra negra de su cabeza dentro de la entrada de la cueva, me miraba desde abajo y pensé en apuntarle a un ojo, pero la rapidez con la que tenía que dispararle antes de que desapareciera, como había hecho las veces anteriores, no me dejó otra alternativa que disparar desde lejos al centro de la sombra de lo que parecía ser la cabeza. Le dio tiempo a girarse y el arpón le penetro de costado por detrás de las agallas. Tiré inmediatamente de él antes de que se enrocara y logré sacarlo sin dificultad. Clavándole la daga en la cabeza para rematarlo, una vez capturado. Continué la jornada y a las dos horas y media de estar buceando, al fondo de una cueva vi lo que parecía un sargo gordo que no se movía mucho. Le apunté y disparé. Atravesado comenzó a girar sobre el arpón y se enredó en el hilo. Tuve que bajar una segunda vez, para desenrocar el arpón por una grieta trasera de la cueva, desde la que, sin dificultad, pude conseguirlo. Se trataba de una dorada de 1 kilo. La rematé con la daga y colgué en el aro. Después capturé un sargo y una corvina mediana. Bajé unas 80 veces. Había una gran corriente del sur, que me extenuaba. Estuve buceando seis horas, desde las 15 hasta las 21. Demasiadas, para tan poco pescado y para estar en tan baja forma, pero para un puñetero día que la mar esta buena tenía que aprovechar para, por lo menos, hacer ejercicio físico. El mero solo pesó un kilo y medio y la dorada un kilo. Tuve, al concluir la jornada, que quitarle las vísceras a todos los pescados y lavarlos con agua del mar, cosa que no suelo hacer en invierno,  porque en verano puede descomponerse el pescado de no hacerlo así, dada la alta temperatura del agua y de la atmosfera. Según me dijo un vendedor de pescado, para congelarlo no es bueno quitarle las vísceras, pues además de que el pescado pierde su sangre, se oxida antes. Es preferible congelarlo entero. Pero el verano es excepcional en todo. Al siguiente día, ya, otra vez, la mar volvía a estar mala.

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